16 nov. 2009

Más top, imposible

Paseando por las calles de Brindisi, encontré un negocio de artículos de bebé y niño muy lindo y en la vidriera, llena de pilotos burberry's y zapatos D&G para niños de un año, ví también ésto:






Una mamadera Armani! La topetitud misma...

11 nov. 2009

Adelanto fotográfico desde el sur de la Bella Italia



Como algunos de ustedes saben, en este momento me encuentro de viaje con mi familia por el sur de Italia, más específicamente en Brindisi, una ciudad de la región Puglia (el taco de la bota). No he tenido mucho tiempo para escribir, pero no quería dejar de transmitirles de algun modo lo linda que es esta ciudad. Así que áquí les dejo algunas fotos, y en el próximo post prometo relatos:



La peatonal del centro histórico:







Casas frente al mar:






La columna que marca el fin de la Via Appia:




Barcos en el puerto:





















7 nov. 2009

Corre, Marcela, Corre!

A veces antes de salir de viaje hacemos planes y arreglos sin tener en cuenta cómo van a ser las cosas al llegar a destino. Y a veces esos arreglos generan consecuencias desopilantes. Este fue uno de esos casos.

Cuando me eligieron para hacer una pasantía en New York, en el año 2000, mi primer preocupación (como buena estudiante pobre) fue cómo costear el alojamiento. New York es famosa por los precios altos de los hoteles y las cifras astronómicas de sus alquileres, así que la cosa no parecía sencilla. Busqué en varias residencias estudiantiles, pero la mayoría o estaba ocupada o estaba fuera de mi presupuesto. Finalmente, y cuando ya parecía que nada aparecería y que iba a tener que dormir bajo el puente de Brooklyn, encontré una residencia llamada Centro Maria, administrada por las hermanas de Maria Inmaculada. Envié un fax para verificar disponibilidad y precio, y me contestaron casi inmediatamente: tenían lugar y lo que cobraban por mes por una habitación compartida podía pagarlo. Más importante aún: estaba bien ubicada, en la calle 58, entre la 10ma y la 11ava avenida. Me avisaron que la residencia tenía una política extricta en cuanto a salidas nocturnas: las puertas se cerraban a las 22:30 y no volvían a abrirse hasta las 7:30 de la mañana siguiente. Si uno no llegaba hasta esa hora, se quedaba afuera y a rogar por encontrar lugar donde pasar la noche. Yo, sin embargo, no me hice problema: al fin y al cabo, ¿qué iba a hacer yo de noche si iba a trabajar y seguro tendría que levantarme tempano? Seguramente el horario no iba a ser problema ¿no? No.

El lugar era básicamente un convento que alquilaba habitaciones como residencia para mujeres que iban a estudiar y trabajar en New York. Tanto era así, que el taxista que me llevó desde el aeropuerto me preguntó 5 veces si estaba segura que quería quedarme allí (se ve que no tengo cara de monja). Yo, sin embargo, no me hice problema: el lugar era limpio, bien ubicado, barato y las monjitas amables. Ergo, ningún problema.

Sin embargo, unas semanas más tarde, a poco de comenzar la pasantía me dí cuenta de mi error: era verano, eramos un grupo enorme, de 120 pasantes y solíamos salir en grupos grandes a tomar algo despues del trabajo...y las 22:30 llegaban antes de lo pensado. Así que yo, que pensaba que iba a estar durmiendo desde la 9, me encontré con que más de una vez tenía que correr, pero correr rápido, para llegar antes del cierre de las puertas. Miren cómo habré corrido que rompí dos pares de zapatos:, uno por cada mes que estuve alojada allí. Se partieron al medio en una de mis carreras a lo Forrest Gump. Antes de romper el 3er par decidí que la cosa me estaba saliendo demasiado cara y me mudé a una residencia en Harlem (mi presupuesto seguía siendo acotado ¿qué se piensan?)...pero de esa experiencia les cuento en otro post.




5 nov. 2009

Opera en el parque



La primera vez que ví una opera no fue en un teatro, ni siquiera fue en un espacio cerrado: fue en Central Park, New York, un atardecer rosa de verano. Dicen que la primera vez que uno ve una opera define si se amara o se odiará el género para siempre, por eso yo siento que le debo a New York este amor profundo.

Era Julio del año 2000, y yo estaba en New York por tres meses, haciendo una pasantía. El mes anterior habíamos visto, junto con compañeros de trabajo, el anuncio que indicaba los días y horarios en que el MET presentaría nada más y nada menos que Madame Butterfly, de Puccini, en la parte principal de Central Park (el "Grand Lawn) y habíamos esperado ansiosos el día. Asi que esa tarde, luego del trabajo, fuimos directo a tomar el subte que nos llevaría al parque, donde la ópera comenzaría a las 8 de la noche. En el trayecto nos encontramos con una pasante de otra oficina y compramos juntos cosas para hacer un picnic: una baguette, quesos varios, uvas verdes y un vino suave en un Deli cercano a la oficina. Y partimos.

Cuando llegamos a Central Park, alrededor de las 7:30 de la tarde, el parque ya estaba repleto de gente y casi no quedaba lugar para sentarnos. Nos ubicamos hacia el fondo donde, aunque bastante lejos del escenario, la música se escuchaba perfectamente. Tiramos un mantelito sobre el pasto, pusimos las cosas que habíamos traído y nos sentamos. Todo a nuestro alrededor había grupos de gente esperando el comienzo de la ópera y conversando tranquila mientras tanto. Algunos habían llevado picnics elaborados, con vajilla de porcelana, copas, champagne. Todos tenían velas, y ésto hacía que, a medida que la noche iba cayendo, el parque fuera pareciendo iluminado por luciernagas.

Cuando la ópera comenzó de la tarde quedaba poco, el cielo estaba totalmente rosado, los edificios de los alrededores empezaban a iluminarse, y corría una brisa apenas fresca. Y entonces empezó la música: maravillosa, romántica, apasionada. Las voces de los cantantes llenaban el parque que, por lo demás, permanecía en silencio. Tengo la imágen vívida del escenario a lo lejos, de la luz de las primeras estrellas en el cielo, y sobre el pasto, las miles de velitas, como imitándolo. Era todo tan bello que hasta me acuerdo de haber contenido el aliento. Por si quieren sentirse un poco ahí, les sugiero que vean un video de la que quizás sea el aria más famosa de Madame Butterfly, Un bel di vedremo, aquí.

Si alguna vez van a New York en verano, no dejen de verificar si durante su estadía tendrá lugar uno de estos eventos. Es uno de los recuerdos más hermosos que tengo de un viaje.

Pueden ver la serie de conciertos en Central Park aqui y aquí.


*La foto pertenece al usuario de Flickr Joe Shlabotnik y se encuentra disponible en Flickr "creative commons" (attribution). Aqui pueden ver una foto hermosa que no puedo publicar por cuestiones de copyright

2 nov. 2009

Imágenes de New York




Cuando pienso en New York, pienso en una ciudad que está viva, que es como una gran célula gigante que respira, crece y muta a un ritmo acelerado, una ciudad que es como un Fenix, que muere y renace cada tanto, que se reinventa a sí misma.
Pienso en una ciudad que es más que una ciudad: que es casi un pequeño pais en sí mismo, con su ritmo alocado, y su temperamento corto como el de sus habitantes.

Cuando pienso en New York, mi memoria se llena de imágenes felices: la hermosa tortícolis causada por el mirar para arriba todo el tiempo, tratando de abarcar los rascacielos, las luces que iluminan los angelitos del Rockefeller Center en Navidad, el sabor de las bagels de canela y pasas, el sabor de los muffins de salvado en Veselka, el bar ukraniano del East Village, la creme brulée de Le Cirque, el colorido de St. Mark's place, la disco de las Torres Gemelas, la vista de Manhattan desde el ferry que va a Staten Island, el Empire State Building cambiando de colores, los taxis que cuando uno cierra la puerta gritan "no sea estupido, cierre bien!!!" desde una grabación, las velas siempre encendidas por deseos en St. Patrick's cathedral, la ONU, lla tranquilidad de Sutton Place, las plazas cerradas, los museos maravillosos, la opera en Central Park, ver las películas de Humphrey Bogart desde una pantalla gigante en Bryant Park los lunes por la tarde, los puestos donde hombres que parecen sacados de La Dama y el Vagabundo venden turrones en Little Italy, las lámparas de arroz rojas que cuelgan sobre la calle en Chinatown, el techo de la Estación Central de Trenes, que es como un cielo enorme y bello, el río Hudson y sus pueblos de ensueño ...y tantas más.

New York es una ciudad en la que siempre fui feliz y donde siento que siempre lo seré. Por eso, cuando pienso en ella, tambien intento imaginar la ciudad que veré cuando vuelva a ir, sea cuando sea. Porque sé que volveré algún día.
Siempre vuelvo a los lugares que amo, y New York fue mi primer gran amor.


*La foto de New York desde el Empire State Building fue sacada por el usuario de Flickr Morrissey y está en Flickr's creative commons (attribution)