Mostrando las entradas con la etiqueta Daoukro. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Daoukro. Mostrar todas las entradas

11 jun 2010

La lluvia





Bruscamente la tarde se ha aclarado
porque ya cae la lluvia minuciosa.
Cae o cayó. La lluvia es una cosa
que sin duda sucede en el pasado*.


Ayer, como casi nunca, llovió en Nicosia. Y mientras veía caer las gotas, copiosas, sobre la calle, golpeando las ventanas de mi departamento a su paso, pensé, como siempre, en lluvias pasadas.


Recordé aquella vez, hace ya diez años, en que se largó a llover con tanta fuerza en Nueva York, que para llegar a la residencia en que vivía tuve que pedir una bolsa de consorcio en un restaurant chino cercano a donde me encontraba, y hacerle un hueco a la altura de los ojos para así poder cubrirme con ella mientras corría cual bolsa azul viviente. 


Recordé la garúa finita y constante que caía sobre una París azul, y volvía al Sena irreal, fantasmagórico, un frío día de invierno de hace ya mucho tiempo. 


Recordé las tormentas en Anisacate, en las sierras de Córdoba, en Argentina, el rugido de los truenos, los relámpagos horizontales, las hojas de los árboles cayendo al piso junto con las gotas.


Recordé las breves tormentas tropicales de Isla Margarita, tan fuertes y violentas como breves.


Recordé la fuerza descomunal de la lluvia en Daoukro, donde los truenos bramaban partiendo el cielo en dos, y las gotas caían con tanta fuerza, con tanta pesadez, con tanta pasión que yo tenía que meterme adentro del armario para poder escuchar cuando me hablaban por teléfono. Recordé el olor de la tierra mojada, el olor a pasto, a fresco que llenaba la ciudad después del vendaval.


Recordé la pequeña llovizna que caía en Florencia el día de mi casamiento (como augurio de felicidad, dirán algunos) y la primera vez que llovió en Nicosia después del nacimiento de mis hijos, cuando los tomé en brazos y los acerqué a la ventana para mostrarles -aunque no se dieran cuenta-que esa agua que caía del cielo era la lluvia.


Sí, para mí, como bien dijo Borges, la lluvia es una cosa que sin dudas sucede en el pasado. 


Y ustedes: ¿Qué lluvias pasadas vienen a su memoria cuando ven llover?


¡Que tengan un lindo fin de semana! ¡¡¡Y bienvenida al mundo Leta!!!!













*El párrafo anterior es el primero de un poema de J.L.Borges llamado "La lluvia", y publicado por primera vez en el libro "Fervor de Buenos Aires". 

1 jun 2010

El Rey y yo



Como alguna vez les conté, llegué a Daoukro, Costa de Marfil, en agosto de 2005, para trabajar en unas elecciones que, hasta ahora, no han tenido lugar. Había sido asignada como coordinadora interimaria en la región, y junto con dos compañeros de trabajo, nos habíamos instalado en la ciudad.

Nuestra zona de responsabilidad era toda la región de N'zi Comoé, pero se había elegido Daoukro como nuestra sede porque se encontraba a mitad de camino entre otras ciudades, y por  otros motivos de índole política que no vienen al caso ahora. Nuestra tarea era entablar relaciones con las distintas autoridades (políticas, comunitarias, sociales), realizar una evaluación de estado actual de las estructuras electorales, de ventajas, problemas y posibles desafíos, para así poder brindar nuestra ayuda cuando hiciere falta. Este trabajo, como pueden imaginar, requería que esas mismas autoridades nos tuvieran confianza y, generarla, era una tarea lenta. El desafío se complicaba aún más porque estábamos insertándonos en una cultura distinta, con códigos diferentes, lo que incrementaba las posibilidades de un traspié. Habíamos sido informados de aspectos básicos de la cultura, claro, pero percibíamos que teníamos que tener cuidado con ciertas sutilezas para no quedar mal y hechar por la borda la misión.

En este marco pasamos nuestro primer mes de trabajo presentándonos a las distintas autoridades regionales. Costa de Marfil está dividida políticamente respetando el modelo francés: en regiones, divididas en prefecturas,  éstas a su vez en sub-prefecturas, y éstas últimas en comunas. Los intendentes comunales son elegidos por voto popular, pero los prefectos y sub-prefectos son nombrados por el gobierno central. Asimismo, se han respetado ciertas estructuras del "derecho tradicional", como son los jefes de pueblo (chef de village), mientras que a otras, si bien se permite que permanezcan, se han privado sus actos de relevancia jurídica.  En esta última categoría se encuentran los reyes tradicionales, que a pesar de no ser reconocidos dentro de la estructura estatal conservan, claro está, gran influencia en su reino. N'zi Comoé es una región que, en su gran mayoria, pertenece a lo que se denomina "pais Baoulé" y, dentro de la misma, existen varios reinos con sus respectivos reyes. Como los límites políticos internos no se corresponden en todos los casos con los límites de los reinados tradicionales, suele ocurrir que el territorio de un rey determinado no coincide exactamente con la prefectura en la que se encuentra, por ejemplo. 

Aproximadamente un mes y medio después de haber llegado a Daoukro y, habiendose incorporado a nuestro equipo tres nuevos compañeros,  el jefe de campo de nuestra organización me llamó aparte y me dijo que no se nos fuera a ocurrir olvidarnos de visitar al rey de Daoukro para presentarle nuestros respetos y pedir su colaboración en nuestra misión. "El rey es una persona muy poderosa" me dijo " y caerle mal al rey o no tenerlo en cuenta es un error que se paga caro. Si el se enoja con ustedes se les pueden cerrar puertas". Yo le pregunté inmediatamente cómo y a quién le pedíamos una audiencia con él y qué formalidades había que cumplir. "Nada más llevarle un regalo que es muy específico: vino de palma. Por lo demás, nada, te va a recibir, va a bendecir tu mision y listo". 

Inmediatamente salimos a pedir audiencia con el rey, que habia resultado vivir a unas pocas cuadras de nuestra casa. Nos atendió muy cordialmente su hija, que era también su secretaria, y nos dió una audiencia para la semana entrante. Con el primer paso cumplido, nos abocamos al segundo: conseguir el mejor vino de palma que pudieramos encontrar. Pensabamos que no debia ser dificil de encontrar dado que era el regalo tradicional para el rey. Y aquí las cosas empezaron a sonar raras: el vino de palma se vendía sólo en el mercado, en botellas de plástico de agua mineral, y costaba MUY pero MUY barato: 100 francos CFA la botella (algo asi como 3 dolares). ¿El regalo para el rey podía ser tan barato? ¿y sin estar debidamente envasado? Preguntamos nuevamente y el jefe del campo reiteró "si, vino de palma". Y bueno, nos dijimos, será que lo aprecia por ser un producto tradicional de su tierra, y lo usará en alguna ceremonia...igual nos sonaba muy raro, pero al no tener aun mucha confianza con nadie del pueblo, ni encontrar información en internet acerca de protocolos ni regalos apropiados, nos presentamos con nuestra botellita el día que nos habían dado audiencia.

Lo recuerdo como si hubiera sido ayer: bajamos de nuestra camioneta, todos emperifollados y trajeados, subimos las escaleras de la casa del rey (en cuyo living opera la Corte) y nos dirijimos hacia su hija, preguntándole si el regalo debíamos entregarselo personalmente al rey o debíamos darselo a ella. "No, dejenmelo ver a mi" nos contestó, y le entregamos la botella. Ella abrió la bolsa en la que se encontraba y abrió los ojos bien grandes "¡¿Qué es esto?!" nos preguntó con el ceño fruncido. Palidecimos y, con un hilito de voz alcanzamos a decir "Vino de palma? Nos dijeron que era el regalo que se le hacía al rey..." "¡¿Quién les dijo eso?! El regalo que se le hace al rey es una botella de gin!" Nos aclaró. "Pero ahora no hay tiempo, el rey los está esperando, después traen el regalo indicado, ya veré cómo le explico al rey ésto"

Nos quedamos mudos. Yo me debatía internamente entre querer meterme abajo de las baldosas, salir corriendo a matar al que nos había dicho y repetido que el regalo para llevarle al rey era vino de palma o martillarme la mano por boba y por no haber preguntado a la hija misma del rey acerca del protocolo adecuado. 

Nos hicieron pasar a la Corte y nos indicaron dónde sentarnos. En el salón había una silla  toda labrada en plata (que supusimos era el trono) y a sus costados, otras dos sillas importantes. En frente, a unos metros, había tres sillas más y a los costados de éstas, más sillás, formando un rectángulo entre todas. Nos preguntaron quien estaba a cargo e indicamos que esa persona era yo (¡rogando que no fuera problema el hecho que fuera mujer!)- Me hicieron sentar en una silla que se encontraba en la hilera a la derecha del rey, y a mis compañeros en aquellas que se encontraban frente a él. Un hombre, que luego nos dimos cuenta era el encargado de la ceremonia, se sentó frente a mí. Otra gente del pueblo se fue acomodando en las sillas que se encontraban en la hilera de la izquierda del rey, y allí nos quedamos en silencio unos minutos, muertos de nervios, hasta que la hija del rey apareció indicando que nos pusieramos de pie.

En ese momento hizo su entrada el rey, seguido de otros dos hombres (uno de los cuales estaba vestido como Gandhi). El hombre que estaba a la derecha del rey habló entonces en su lengua tradicional y se dirigió al hombre que estaba sentado frente mío, quien luego tradujo. Lo más llamativo era que el hombre traducía diciendo "el rey dijo que" "el rey quiere" "el rey pregunta" cuando el rey no había abierto la boca. Entre los nervios por el incidente con el regalo, el desconocimiento del baoulé y del protocolo y ceremonial de la corte, y la confusión por el hecho que el rey no hablara pero se le atribuyeran frases creo que nuestros ojos deben haber estado abiertos grandes como platos. 

La ceremonia en sí fue muy interesante, más allá de nuestra ignorancia y nuestro asombro. Nos preguntaron qué veníamos a hacer, cómo estaba compuesto nuestro equipo, si estabamos bien en la ciudad, y luego nos dirijieron al parque de la casa, donde se realizó una ceremonia. En la misma, luego de decir distintas frases en baoulé, la persona encargada de oficiarla echaba agua a la tierra tres veces, pidiendole a ella - la tierra- que bendiga nuestra misión de paz. Me hizo pensar en el culto a la pachamama y en cómo pueblos distintos en todos los confines comparten el amor y el respeto por la tierra.

Una vez que la ceremonia terminó y nos autorizaron a retirarnos salimos corriendo al almacén de ramos generales a comprar el gin más caro que encontramos, lo envolvimos en papel de regalo y, unos 15 minutos después, estábamos de vuelta en la casa del rey, entregándoselo a su hija, que largó una carcajada enorme al vernos llegar tan rapidito con el regalo apropiado. Pedimos disculpas una vez más y nos retiramos rumbo a la oficina.

Siempre fui conciente que, para superar esa gran gaffe, contamos a nuestro favor con el buen humor y la hospitalidad baoulés (que son famosos) y con la buena voluntad del rey y el resto de la Corte. Y salimos airosos. Por un pelo. Por eso, esa tarde, lo primero que hicimos fue enviar un reporte oficial a nuestros jefes, para que informaran debidamente a nuestros compañeros en otras regiones que, si visitaban al rey, debían llevar GIN. Gin, nada más y no otra cosa. Gin. Todavía me lo recuerdo a mí misma cada tanto, por si acaso la vida vuelva a ponerme en esa circunstancia.














10 oct 2009

Sorpresas

Miren esta foto de mi cocina en Daoukro. Pero miren bien.



¿Qué ven al lado de la pava eléctrica?

Sí: ¡En Daoukro tomaba leche Sancor y café La Virginia (éste último no está en la foto) que compraba en la despensa que quedaba frente a mi casa! Cosas de la globalización, que nos facilita sentirnos como en casa casi casi en cualquier lugar del mundo...

5 oct 2009

Daoukro



Llegué a Daoukro 10 días después de mi arribo a Costa de Marfil, un miércoles de agosto caluroso por la tarde, con el sol cayendo rápidamente sobre los campos verdes y la tierra roja.


Mis compañeros de trabajo y yo habíamos dejado Abidjan el día anterior y recorrido en auto unos 600 km hasta llegar a Bouaké, pasando por Yamoussoukro, y cruzando la zona de confianza. Habíamos pasado la noche en Bouaké y, luego de encargarnos de diversas cuestiones administrativas, habíamos emprendido los aproximadamente 200 km restantes hasta Daoukro.


Lo primero que percibimos al llegar era que la ciudad parecía pequeña, y la gente simpática. Los empleados del hotel eran super serviciales y aceptaron, por ejemplo, colgar arriba de la cama la mosquitera impregnada de insecticida que yo había traído desde Abidjan; nos hablaban del pueblo, sonreían, se mostraban amables. En los días por seguir habríamos de confirmar esta primera impresión.


Daoukro es una ciudad chiquita, de menos de 60.000 habitantes, que se extiende a lo ancho, desparramándose, metiéndose casi entre los árboles bajos del bosque que la rodea. Se encuentra en y es la capital del Departamento del mismo nombre, ubicada en la región de N’zi Comoé. Esta región, que debe su nombre a los dos ríos que la delimitan (el N’zi y el Comoé) fue una de las más ricas y fértiles de Costa de Marfil hasta la década del 80, en que las grandes plantaciones de cacao y café, y las industrias de procesamiento de los mismos (la llamada “Boule du Café- Cacao”) se trasladaron al oeste del país debido a que las tierras del N’zi Comoé habían perdido fertilidad. Sin embargo, la región conserva aún hoy algunos cultivos de cacao y de arroz (sobre todo al sur, en Tiémélekro), bosques de tala, y se mantienen las redes de ferrocarril que habían sido construidas durante la época colonial para llevar el café y el cacao al puerto de Abidjan, y desde ahí, exportarlos.


La ciudad en sí está dividida por dos calles principales. En una de ellas, se encuentra uno de los tres almacenes existentes, en la otra (por donde pasa la ruta que va hacia la localidad de Prepressou) están la casa del Rey, la del ex presidente Henri Konan Bedié (quien sucediera al Presidente Houphouet Boigny y que fuera depuesto por el golpe militar de 1999) y el Hotel de la Paix ( un hotel 4 estrellas muy bonito, con pileta de natación y un restaurant con comida local abiertos al público. Pueden ver su página web aqui ). Hacia el este, casi en el límite con el bosque, hay una laguna de agua quieta con nenúfares y otras pantas, al borde de la cual hay una quinta de verduras que provee al mercado y dónde íbamos a abastecernos los sábados por la mañana.


Las únicas calles asfaltadas son las principales, el resto son de una tierra colorada que impregna el aire y todo lo que toca. Además de ésto hay un mercado al aire libre, un hospital, dos hoteles 2 estrellas, dos discothèques, varios maquis (restaurants locales), una iglesia católica, una mezquita grande (construida en 1995) y 9 pequeñas y una cincuentena de iglesias protestantes, entre ellas algunas netamente africanas como la Comunidad Celeste y la Dehima. Conforme me explicaron, el motivo de tan gran número de cultos en una ciudad relativamente pequeña radicaría en que los fieles no lo son mucho: parece ser que luego de unos años, prefieren iniciar su propio culto conforme a sus propias ideas, y así año tras año, nacen nuevas iglesias.


En lo que respecta a la población, Daoukro, como todo el N’zi Comoé a excepción de un Departamento (el de Bongouanou), es predominantemente de la etnia Baoulé, originaria de Ghana. Los miembros de esta etnia se caracterizan por ser buenos orfebres (trabajan particularmente bien el oro) por ser animistas (si bien en la actualidad la mayoría profesa también alguna otra religión), y por ser muy abiertos y amigables. Estar en “pays baoulé” (tierra baoulé) es estar en un lugar donde la gente es amable, donde acogen bien al recién llegado, donde es más fácil entablar una conversación en la calle, y hacer amigos. Asimismo, existe una importante comunidad libanesa, como en todo el país, dedicada fundamentalmente al comercio y muy integrada con la comunidad local.


Viví en Daoukro cinco meses intensos, en los que pasaron muchas cosas. Estuve enferma muchas veces (incluyendo dos veces con malaria), montamos de la nada una oficina y la pusimos en marcha, recorrimos la región con lluvia, con sol, con niebla y semana tras semana la empezamos a sentir nuestra. Fue algo raro: vivir en Daoukro no fue fácil y sin embargo llegué a encariñarme con la ciudad y su gente, con los niños que revoloteaban por las despensas ofreciendo llevar las bolsas de la compra por unas monedas, con la chica que nos enseñaba a negociar en el mercado para que no nos cobraran “precio de blanco” (más del doble), con el panadero que conocía nuestro paradero al instante y había aprendido a hacer pan redondo como le gustaba a los soldados belgas, con los chicos que me venían a mostrar su remera de la selección argentina con el 10 de Maradona o el 9 de Batistuta, hasta con el bioquímico del hospital que nos hacía los tests de malaria y se reía de nuestra cara de susto cuando daban positivo. “Descanse, tome vitamina C, tome los remedios y no se preocupe” decía como si la malaria que hay en Costa de Marfil no fuera la más grave, la tipo 4, la que puede devenir en cerebro-malaria.


Por eso, cuando pienso en Daoukro tengo la sensación que es un lugar donde el tiempo está quieto, donde la vida transcurre sin mucha pompa, de manera casi imperceptible. Pero donde, a pesar de todo, se está bien.






Una de las calles principales:




Techos de Daoukro



Casas y calles:



El Mercado:



NOTA: Daoukro se pronuncia Daukró, Bouake: Buaké, Yamoussoukro:Iamusukró, Baoulé: Baulé