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30 nov 2010

Raices, arraigos y desarraigos: mi historia




Il faut voyager loin en aimant sa maison*.


Cuando yo era chica, según cuenta mi mamá, yo amaba Córdoba y decía,  a quien quisiera escuchar, que no había ciudad más linda que aquella en la que yo había nacido. Era, claro está, un versito bien aprendido porque no había viajado mucho y, las veces que lo había hecho era tan pequeña que no había tardado en olvidar cómo lucían las ciudades en las que había estado. Pero como mi papá me decía que Córdoba era HERMOSA, yo lo repetía, y creía de verdad que ciudad más bella no podía existir.

La ilusión duró poco.

Cuando tenía 7 años, viajé con mi familia a Buenos Aires durante unas vacaciones de invierno y fue verla desde el avión y caer rendida a sus pies. Para quienes no conocen la ciudad, les cuento que los vuelos que llegan desde el interior del país, lo hacen a un aeropuerto ubicado muy céntricamente, y sobre la rivera del Río de la Plata, y antes de aterrizar y al despegar, uno sobrevuela las partes más bellas de la ciudad, Avenida 9 de Julio incluida. O al menos así es cuando uno llega desde Córdoba. Buenos Aires, a quien alguien llamó alguna vez la Paris del Sur, se despliega así desde el primer momento en todo su esplendor. Recuerdo vívidamente la fascinación que sentí esos días mientras caminaba por sus calles, corría por las plazas, observaba los edificios, los cafés, la gente que caminaba apurada por las calles del centro.

La fascinación fue tan grande que, al terminar las vacaciones, no quería volver. Peor aún, cuando el avión que nos llevaba de vuelta a Córdoba empezó a sobrevolar la ciudad ésta me pareció...insulsa. Y, con verguenza y, sobre todo culpa, le confesé a mi mamá que Buenos Aires era mucho más linda. 

Ese fue mi primer acto de "traición emocional a la Patria" o el origen de mi Fernweh. Y fue el origen, porque el descubrimiento de que existía un lugar no sólo más bello (para mí) que aquél que conocía, sino donde me había sentido tan bien como para querer quedarme, abrió la compuerta a otra serie de pensamientos por el estilo: ¿y si no sólo me gustaba alguna ciudad más que Córdoba sino más que Buenos Aires? ¿Y si me gustaba más otro país? ¿otro continente? ¡Las posibilidades eran ilimitadas!


Pensandolo bien, el Fernweh en mí bien podría ser genético porque vengo de una familia en la que no han habido desde hace 100 años dos generaciones seguidas que permanezcan en el mismo lugar donde nacieron. Mi bisabuelos paternos (por línea paterna) nacieron en España, de donde salieron huyendo (según cuentan algunas versiones de la historia familiar) con mi bisabuela embarazada de mi abuelo, quien nació en el barco (supongo que en aguas argentinas porque tenia la nacionalidad argentina). En esta misma rama de la familia hay un famoso tío de nombre Pedro que aparentemente fue tremendo trovador y que pasó su vida recorriendo provincias con su guitarra y dejando hijos en cada una de ellas, a los que luego volvía a darles su apellido (así que si alguno de los que lee este blog tiene algún tío abuelo así en el anecdotario familiar ¡podemos ser primos! ;). Mi bisabuelo materno llegó desde Italia en 1922, porque habiendo peleado en la primera guerra mundial, temía una segunda. Su mujer y su hija (mi abuela) lo siguieron en 1929, con mi abuela de 7 años, y se instalaron en Chivilcoy, provincia de Buenos Aires. Mi papá nació en la provincia de Chaco, mi mamá en la provincia de Buenos Aires, pero  se conocieron, se enamoraron,  se casaron y formaron una familia en Córdoba. Que yo saliera a trotar mundos era, visto asi, seguir el orden lógico de las cosas, continuar esa especie de sino familiar que nos transforma en buscadores del hogar. Sólo que un poco más extremo, considerando los lugares donde he estado ;)

Aceptar este sino, sin embargo, no fue facil. Desde ese viaje a Buenos Aires y, aún más a medida que fui creciendo, tuve la sensación que era más facil ser feliz en otros lugares. Que ME era más facil ser feliz en otros lugares, para ser exacta, porque al fin y al cabo, aquello que nos hace felices es relativo, al igual que aquello que nos gusta o no. No hay lugares buenos o malos en abstracto, en mi opinión, sino lugares a los que pertenecemos y que se nos revelan instantaneamente, y otros en los que insertarnos representa un esfuerzo. A mi, pertenecer a Córdoba y hasta a Argentina, me implicó, ya desde chica, un esfuerzo de adaptación que no sentí en otros lugares, por extraño que parezca. 

Esta realidad, tan intrínseca en mí, esta sensación tan arraigada, tan fuerte que tuve desde muy pequeña no fue fácil de aceptar para mucha gente. Y esto es porque, en mi experiencia, a la gente Heimweh le cuesta mucho entender (y aceptar) a los Fernweh. No sentirse arraigado al lugar de origen es visto como una traición, como una ofensa. Frases como "¿cómo puede gustarte algún lugar más que Córdoba?" "En ningun pais vas a vivir mejor que en Argentina" "Lo que pasa es que vos sos fría, por eso te da igual estar lejos de tu familia" "Vos te queres ir porque sos materialista y buscas confort económico antes que afectos" hasta lugares comunes de corte pseudo psicológico como "Los que se quieren ir buscan huir de algo pero uno siempre se lleva a sí mismo en la valija" son cuestionamientos con los que tuve que lidiar toda mi vida. Y muchas veces me pregunté a mí misma si no había algo de verdad en ellos, y hasta intenté sentir ese arraigo y la conclusión siempre fue la misma: el arraigo en mi propia tierra implicaba un esfuerzo, y uno aún más grande después de salir de ella. Por más corto que fuera el tiempo que hubiera estado afuera, siempre sentí shock cultural inverso al volver, como Oliveira en Rayuela, cuando al volver a Buenos Aires:

"Se dio cuenta que la vuelta era realmente la ida en más de un sentido"***

Pero a pesar de ésto, cuando me fui definitivamente, no buscaba irme. Creo que durante años, de alguna manera, me había preparado para irme (estudiando varios idiomas, por ejemplo) y que los esfuerzos de adaptación a mi propio lugar de origen facilitaron mi nomadismo: sentirme extraña, al fin y al cabo, era lo normal para mí, y sabía de memoria cómo hacer para incorporarme, de a poco, a un lugar y a una cultura que percibía como diferentes (a veces en sutilezas) a la mía propia. Pero, en concreto, partir cuando lo hice fue más el resultado de un conjunto de circunstancias externas que de una búsqueda activa de partir a donde finalmente recalé inicialmente.

El destino original de esa partida, el primer lugar que me acogió por aproximadamente cinco meses fue Fuerteventura, Islas Canarias, España. Partí con un pasaje de avión, unos pocos euros y la invitación de una gran amiga que me acogió con su familia y me guió esos primeros meses. Cuando miro hacia atrás, recuerdo ese tiempo como un momento de contemplación: no tenía la más remota idea de qué iba a depararme el destino y, visto que muchas cosas habían salido mal en un pasado reciente, no me animaba aún a hacer planes a mediano ni largo plazo. Pero España me curó las heridas bastante rápido, con su gente cálida, simpática, abierta  y trabajadora y me renovó la confianza en muchas cosas, pero sobre todo en mi y en  mi destino. Y así, con una confianza rayana en la inconciencia, envié en la víspera de mi cumpleaños una postulación a un puesto que deseaba mucho pero que, dentro de mí, creía imposible obtener. Tres días después me llamaban por teléfono y tenía la primera entrevista para ese puesto, dos meses y medio después dejaba España rumbo a Costa de Marfil.

En Costa de Marfil, todo habria de cambiar definitivamente, porque al día siguiente de llegar conocí a quien hoy es mi marido. Una semana después comenzamos a salir. Un mes después él me pidió casamiento. Cuatro meses después, nos casamos en Florencia, Italia. Durante todo ese tiempo, yo vivía en el interior del pais y él en la capital y viajabamos para vernos cuando podíamos, en el medio de un país convulsionado por una crisis y una guerra recientes y unas elecciones esperadas pero que no habrían de ocurrir. Dejamos Costa de Marfil para casarnos dos días antes que se desatara otra crisis y volvimos a un país más tenso aún que aquel que habíamos dejado.

Yo cambié de trabajo, armamos nuestra casa con la particularidad de la vida en zonas de conflicto, que dicta que uno se establece a medias, manteniendo siempre más o menos preparada una valija de 20 kgs para caso de evacuación, de forma minimalista, porque uno tiene reticencia a llenarse de objetos que luego serán de dificil traslado, sin saber demasiado cuánto tiempo más uno habrá de permanecer en ese lugar, ajustándose a restricciones de movimiento, acostumbrándose a salir del pais cada tres meses...un poco aquí y un poco allá los años fueron pasando y justo cuando las rutinas empezaban a hacerse propias y  Abidjan empezaba a sentirse hogar, llegó la hora de partir.


Durante un tiempo habíamos estado buscando trabajo en un país más apto para formar una familia, no sólo sin tantos problemas securitarios sino sin enfermedades tropicales como la malaria (que yo había padecido ya dos veces, y mi marido una). Y en Junio de 2007 ese trabajo llegó para mi marido, en Chipre. Yo permanecí en Abidjan seis meses más y me le uní en diciembre. Nos encontramos en Belgrado y, juntos, llegamos  Chipre en la nochebuena del año 2007, y aquí estamos desde entonces, aquí nacieron nuestros hijos, y aquí permaneceremos hasta que el destino vuelva a llamarnos para partir al encuentro de nuestro próximo destino.

Si partir es morir un poco, a estas alturas debo tener mucho de Fénix. Con cada partida muere en mí algo de aquella persona que fui en el destino anterior, quizás porque esas muertes sean necesarias para la adaptación al próximo lugar, quizás porque no eran parte constituyente de mí misma. Así, vivir afuera, entre otras cosas, ha definido extrañamente los ribetes particulares de mi Argentinidad: la mirada del otro, el contacto con esa otredad tan obvia de la cultura ajena, no sólo me han hecho dejar de lado caracteristicas identificadas con el ser argentino  sino que me han aferrado a otras que no eran tan obvias para mí cuando vivía allí. Las cosas que extraño pueden no ser las cosas más comunes y pueden no ser suficientes para hacerme querer volver a vivir en Argentina, pero han servido para definirme. 


Y es por esto mismo, por esas cosas que mueren y nacen en mí con los kilómetros, los países, las culturas, las experiencias, que mi argentinidad ha perdido la obviedad. Para gran sorpresa mía, este año, sentí que me negaban tres veces: Argentinos no me reconocieron como Argentina. Hasta este año, siempre que me encontraba con algún connacional, éste me identificaba como tal antes de que abriera la boca. Hasta este año, en que empezaron a escuchar con sorpresa mi acento cordobés.  Yo no sé qué cambió, qué parte sutil se vió modificada sin que yo me diera cuenta, pero supongo que esa es una de las consecuencias del trotar mundos durante un cierto tiempo. Parte del ser que fui en Argentina debe haber muerto en la adaptación a otros lugares, y con cada año que pasa siento que sería más dificil volver a vivir allí. Aun cuando comprendo la forma de pensar, ya no la intuyo como antes y  al leer los diarios comienzo a sentir sorpresa, porque he dejado de comprender por qué las cosas son cómo son y no de otra manera o mejor dicho, por qué las cosas no pueden ser de otra manera. Mi lógica es hoy distinta en más de un sentido y, si bien nunca tuve una forma de pensar muy típica, esas características que me hacían sentir ajena, hoy se han acentuado. 


Extraño a mi pequeña familia (mi mamá y mi hermano) y extraño a mis amigas a punto de mirar con cara de carnero degollado los grupos de mujeres tomando café en los bares, pero no al punto de querer volver (sino más de traermelos a donde yo estoy, je) porque los siento cerca a través de emails y de llamadas telefónicas. Y por otra parte porque no me engaño pensando que de volver (si así lo quisiera) las cosas serían como eran, porque aunque en mi cabeza mis afectos hayan quedado suspendidos en el tiempo, y sigan teniendo la edad que tenían cuando me fuí hace casi 6 años y sigan pensando y sientiendo como entonces, sé, racionalmente sé, que no es así. Que el tiempo ha pasado para todos y que así como las experiencias que cuento en este blog y otras tantas más me han cambiado a mí en más de un sentido, así tambien cada una de esas personas, en este tiempo ha peleado sus propias luchas, reido con alegrías y llorado con lágrimas y tristezas que no hemos compartido. 


Mis hijos, hoy pequeños, son productos de esta familia multicultural y nómade en la que nacieron, con padres de paises distintos, obligados a aprender tres idiomas desde la cuna (y un par más a la brevedad, para poder adaptarse a este tipo de vida), con familias y tíos postizos que los ven crecer por fotos,  que los escuchan hablar en videos, que les mandan su cariño por mail y por correo. Muchas veces me pregunto si ellos irán a necesitar permanecer en un lugar determinado, si extrañarán la idea de un tipo de hogar que nunca han tenido, o si estarán felices con esta realidad de hogares temporarios y, como sus padres, sentirán exitación al mirar un globo terráqueo y pensar : "Y ahora: ¿a dónde? ¿cual será el próximo destino? ¿cuál es próximo idioma que deberemos aprender? ¿qué nuevas costumbres deberemos incorporar? " Es dificil saberlo.

La noción de hogar, creo hoy, tiene connotaciones diferentes para cada persona,  aquello que constituye las raices es distinto para cada uno y , así como hay personas que no conciben las posibilidad de moverse del lugar en que nacieron, hay otras que se sienten como plantitas a quienes el viento arrancó de cuajo al nacer y  casi por error estan en tierras extrañas, con raices a medias, sintiendo que en realidad tendrían que haber nacido en otra parte. Hay quienes sienten que hasta viajar como turistas es una pérdida de tiempo y pueden estar en la cima de la Torre Eiffel pensando qué hacen allí y que extrañan su casa****, hay quienes aman viajar pero aman igualmente retornar a un hogar definido y para quienes la vuelta a casa es tan placentera como la exitación de la partida, y hay quienes como yo, sienten que el hogar no es un lugar fijo sino un lugar por descubrir, si acaso, y que está bien así; que el hogar puede ser un conjunto de lugares temporarios donde poner los libros y dejar reposar las valijas, quietas, por un rato. Y que el resto se lleva en los recuerdos y el corazón.




Aquí les dejo algunas imágenes de Chipre, y les deseo que esta sea para ustedes una hermosa semana!


La roca donde nació Afrodita: Petro tou Romeo





Ledra Street, en el centro de Nicosia (lado Griego):


Bahía de Kyrenia ( en el norte de la isla, del lado Turco)


Kakopetria (en las montañas Troodos, al centro de la Isla):




* Apollinaire, Les Mamelles de Tirésias (citado en Rayuela, "Del lado de acá")
**La imagen del comienzo es una foto de la Iglesia Catedral de Córdoba, Argentina, vista desde la plaza que se encuentra en frente, llamada Plaza San Martin. San Martin fue el libertador de Argentina. La foto fue tomada en abril de 2006. 
***Rayuela, capítulo 40
**** Historia real. Conocí a alguien a quien le pasó exactamente eso.





12 ago 2010

Belgrado: Historias, calles, anecdotas





Belgrado es una ciudad marcada por los ríos que la delimitan, el Sava y el Danubio, los que influyeron muchísimo en su destino. Es una ciudad que creció recostada sobre sus lechos pero de espaldas a los mismos,   amurallada, elevada sobre colinas en la Gran Planicie Húngara y en parte escondida en los bosques que la poblaban allá lejos y hace tiempo.

Los ríos Sava y Danubio confluyen en Belgrado y ésto, sumado a encontrarse a mitad de camino entre Oriente y Occidente, ha tenido poco de bendición: El trafico que ambos ríos acarreaban no sólo hicieron a Belgrado conocida: la hicieron ansiada por diversos imperios  y susceptible permanentemente de ser invadida. Es por ello que la ciudad creció de espaldas a sus ríos, y que sus ciudadanos han tenido un acercamiento tímido a ellos a lo largo de los años. Es por ello que sólo las murallas de su fortaleza se encontraban cerca de los mismos, y que  las casas de la ciudad vieja no sólo se encuentran alejadas de ellos sino que, además, son ciegas a la vista de los mismos: sólo muros sin ventanas miran en esa dirección. 

Belgrado es una ciudad cosmopolita y caminar por sus calles es sentir la presencia de Oriente y Occidente  a cada paso. Su historia, desde siempre, estuvo marcada por ambos: Primero llegaron los Escórdicos, una tribu celta que en el 3er siglo AC la llamó Singidunum y construyó allí su primer fortaleza. Luego fue el turno del Imperio Romano, a comienzos de nuestra era. En En el siglo V DC Atila el Huno la redujo a cenizas y, un siglo más tarde, Justiniano volvió a ponerla en pie. Finalmente, en el siglo VII DC los eslavos conquistaron la ciudad bautizándola "Belgrado"*, nombre que ha conservado desde entonces, y en el siglo XIII se convirtió en la capital de Serbia,  bajo el mando del Rey Dragutin Nemanjic. 

Cuentan que Belgrado tuvo su período de oro bajo el reinado del Despota Stefan Lazarevic, en el siglo XV y que, luego de su muerte, se inició una época en que la capital sería invadida por turnos por Austríacos y Turcos, quienes continuaron disputándose el control de la ciudad hasta  el Siglo XIX. Cada vez que alguno de ellos expulsaba al otro, las murallas de la ciudad eran derrumbadas y reconstruidas, en un continuum digno de una novela de realismo mágico.

 En 1806 los rebeles de Karadjordje  (el lider del primer levantamiento Serbio contra el Imperio Otomano) liberaron la ciudad, pero el Imperio Otomano sería expulsado definitivamente sólo 61 años más tarde. El norte de la ciudad continuó siendo considerado parte del Imperio Austro-Húngaro hasta la ruptura de relaciones, en 1918, y durante la primera guerra mundial, Belgrado fue atacada tanto por tropas Austríacas como Alemanas.Durante la Segunda Guerra Mundial Belgrado fue, tristemente, la primer ciudad declarada libre de judíos y, hacia el final de la guerra, poco quedó de ella en pie y las víctimas civiles fueron enormes. Fue, desde 1945, la capital de Yugoslavia** y es, en la actualidad, la capital de la República de Serbia. En 1999, Belgrado fue bombardeada por tropas de la OTAN.

Belgrado actualmente se divide en tres grandes partes, delimitadas por el Sava y el Danubio, aunque quizás la división más grande hoy sea aquella que la que hace el río Sava, separándola en lo que se conoce como el Nuevo y el Viejo Belgrado.

El nuevo Belgrado es una zona de la ciudad que comenzó a desarrollarse en la época de Yugoslavia, con la industrialización. En ese sector se ubicaban las fábricas y, a fin de proporcionar a los trabajadores alojamiento accesible cerca de las mismas, el gobierno fue construyendo edificios de departamento (tipo monoblocks) cerca de esas mismas fábricas. Cuentan los Belgradenses que la calidad de estos departamentos no era muy buena, sobre todo por sus minúsculas dimensiones , ya que estaban concebidos básicamente como un lugar al que ir a dormir entre una jornada de trabajo y otra. Frecuentemente estos trabajadores dejaban sus familias en sus localidades de origen (muchas veces en el campo), por lo cual sus necesidades no eran muchas (en una mentalidad netamente comunista). Por este motivo, este sector de la ciudad no era muy popular hasta hace poco tiempo. En la última década, sin embargo, ha cobrado desarrollo y en  él se han instalado las grandes cadenas hoteleras, los grandes shopping malls (una novedad relativamente reciente en la ciudad) y han ido construyéndose nuevos edificios de departamentos más modernos. Allí se construyó tambien la ciudad universitaria para alojar a quienes participaron en las Olimpiadas Universitarias que tuvieron lugar allí el año pasado. Para los locales, más allá de estos avances, nuevo Belgrado es...demasiado nueva. El verdadero carácter, el alma de la ciudad, está en el Viejo Belgrado.

La ciudad vieja, o simplemente "Belgrado" es donde se percibe la influencia de las diferentes culturas que ocuparon la ciudad. El viejo Belgrado es la ciudad nostálgica, con sus Kafana,o cafés tradicionales, abiertos desde las primeras horas de la mañana para acompañar el primer café del desayuno (servido "a la turca") hasta el brandy después de la cena, con sus Pekara, o panaderías tradicionales, donde sólo es posible comprar pan (no cosas dulces) pero en muchas y diversas variedades, con sus Poslaticarnica, o locales de repostería tradicional ( que incluye tanto delicias orientales como la Baklava, como tortas de corte noreruopeo, como la Selva Negra),  con mesitas en la calle, para tomar un café o limonada (dependiendo de la estación del año) mientras se degustan las delicias recién compradas y se conversa un poco con los otros clientes, con sus restaurants de comida balkánica al paso, donde degustar búrek o cevapcice, con sus vendedores ambulantes (herencia de la crisis de los ´90) ubicados a lo largo de los principales boulevares, muchos de ellos con una imagen típica de la ciudad: la de los paneles llenos de cordones de zapatos de todos los colores y largos que puedan imaginar. El viejo Belgrado es la ciudad de los tranvías, de los parques, de la gente caminando a toda hora, la ciudad de las Iglesias Ortodoxas, la ciudad en la que edificios de inspiración francesa se mezclan con otros de racionalismo austero de la época comunista, en la que calles empedradas conviven con otras de cemento, la ciudad de las calles empinadas, de los boulevares arbolados, de las tavernas y los bares de Rakia, de los mercados a cielo abierto, y de los tés medicinales tradicionales. 

En los posts siguientes les voy a ir contando un poco más acerca de esta alma de Belgrado y mostrándoles fotos de algunas de sus tradiciones. Entre tanto, aquí los dejo con algunas fotos, para que vayan sintiendola un poco más cercana.

¡Que tengan un lindo fin de semana!




































c


*Beograd: la ciudad blanca (llamada así por el color de las casas que se encontraban en sus murallas
**Yugoslavia: literalmente, los eslavos del sur. El nombre completo del pais era "Republica Federal Socialista Yugoslava" y componia lo que hoy son Serbia (incluida Kosovo y Vojvodina), Bosnia-Herzegovina, Croacia, Eslovenia, Montenegro y Macedonia. Su desmembramiento se produjo en la década del 90. 


2 ago 2010

Mi Belgrado



Llegué a Belgrado por primera vez hace 4 años y medio, una noche de febrero muy fría, sin saber demasiado qué esperar. Llegaba con mi marido, con quien acabábamos de casarnos en Italia y era ése un viaje que no habíamos planeado. 

El día de nuestro casamiento habían evacuado de Costa de Marfil al personal de la organización para la que trabajábamos, a causa de ataques contra la misma y revueltas. Como consecuencia de ello, sólo el personal indispensable podía quedarse en el pais: como yo no formaba parte de este grupo de gente, no podía volver. Mi marido, en cambio, debía hacerlo a la brevedad. Así que, a dos semanas de casados, y en vistas de que deberíamos estar separados por un tiempo indeterminado, decidimos que, por una cuestión de proximidad con Costa de Marfil, yo me quedara en Belgrado (con su familia, a quienes no conocía) en lugar de viajar a Argentina. Y en esas condiciones llegué a la ciudad por primera vez.

Antes de ese momento, Serbia era para mí  un gran interrogante, y lo poco que conocía del país estaba marcado por el estudio de Derecho Internacional: el desmembramiento de la ex-Yugoslavia, las guerras cruentas, la secesión de su territorio, Milosevic, Kosovo, el Tribunal para juzgar los crímenes de la ex-Yugoslavia, el bombardeo de la OTAN en 1999, la Operación de Mantenimiento de la Paz de la ONU. A lo largo de nuestros pocos meses de noviazgo, mi marido había ido sumando otras imágenes con sus relatos, pero aún así no alcanzaba a imaginar qué ciudad iba a encontrar. Esa noche y las tres semanas siguientes fui descubriendo una Belgrado que nada tenía que ver con el horror de la década anterior, descubrí la Belgrado de mi familia.


Belgrado se transformó en un lugar donde no me llamo Marcela sino Snjaka *("la nueva esposa" o "la nueva hija política"), donde la familia es grande y está muy presente, donde siempre hay alguien para dar una mano, donde las casas tienen sillones-cama enormes y comodísimos ( y donde hasta los hay en la cocina para tener siempre lugar por si un pariente está de visita en la ciudad y necesita lugar donde quedarse). Belgrado es, para mí, la ciudad de los cafés y las calles arboladas, de la gente muy alta (sepan comprender que ésto me asombre: mido ¡1.58 mt.!) y las mujeres bellas y de punta en blanco. Es una ciudad caminable y caminante, una ciudad de parques y plazas, de crudos inviernos y veranos soleados, una ciudad con murallas, con historia, una ciudad de ríos de cuentos y de valses a los que creció dándoles la espalda, una ciudad vieja y una ciudad nueva, una ciudad nostálgica, una ciudad puente y una ciudad bisagra. 




*se pronuncia "snaica"

22 jun 2010

El lenguaje universal del amor...y las telenovelas mexicanas!


Como les comenté en un post anterior, insertarse en una cultura nueva, distinta, no es tarea facil y lleva tiempo. Sin embargo, a veces ocurre que aspectos de nuestra propia cultura están presentes en aquella en que buscamos insertarnos y, cuando así ocurre, la comunicación se facilita. Hablar de cosas similares, identificarse con el otro en la forma de comprender hechos y hasta de sentirlos permite crear un puente de confianza con nuestro interlocutor.

En mi caso, el sólo hecho de decir "Argentina" ya me hacía comenzar en toda reunión con el pie derecho gracias  a Maradona. Afortunadamente, con un padre y un hermano futboleros, me conocía de memoria las hazañas de "10" y, luego de recordar "la mano de Dios" y el mítico gol a los Ingleses en que Maradona corrió con la pelota 50 metros, ya mi interlocutor sonreía con más ganas. Pero dada la fama mundial de nuestro técnico de la selección nacional, ésto no es demasiada novedad para nadie.

Distinto es lo que le ocurría a un colega Mexicano. Este muchacho, cuyo nombre prefiero no revelar, pasó sus primeros meses en Costa de Marfil destinado a una región del noroeste, para ser trasladado por motivos estratégicos poco tiempo después. Como tenía un puesto alto dentro de la zona, se vió en la necesidad de recomenzar de cero el arduo trabajo de entablar relaciones de confianza con las autoridades locales, presentándose una por una, viajando largas distancias. Cual no sería su sorpresa al descubrir que bastaba que nombrara su nacionalidad para que las autoridades invariablemente exclamaran " ¡Mexicano, cómo Rubí! " y pasaran a discutir en detalle las peripecias del capítulo anterior de la telenovela más famosa en la región. Así, este colega descubrió que Rubí era una protagonista muy bella, muy sexy, que tenía locos a los marfilenses, que  la admiraban más aún porque era mala como las arañas, lo que los divertía horrores. Tanta era la devoción que profesaban por ella, que llegamos a pensar que tendrian que contratarla para que hiciera un spot televisivo por la paz ¡seguramente le harian mas caso que a Ban Ki Moon!

En este mundo globalizado es asombroso descubrir que costumbres y practicas que creemos tan nuestras pueden ser sentidas con la misma intensidad en rincones lejanos, distantes, en culturas dispares. Pero es así, quizás porque, en el fondo, ser humano implica compartir sentimientos universales, en cuya expresión todos nos sentimos hermanados.

¡Que tengan una hermosa semana!



1 jun 2010

El Rey y yo



Como alguna vez les conté, llegué a Daoukro, Costa de Marfil, en agosto de 2005, para trabajar en unas elecciones que, hasta ahora, no han tenido lugar. Había sido asignada como coordinadora interimaria en la región, y junto con dos compañeros de trabajo, nos habíamos instalado en la ciudad.

Nuestra zona de responsabilidad era toda la región de N'zi Comoé, pero se había elegido Daoukro como nuestra sede porque se encontraba a mitad de camino entre otras ciudades, y por  otros motivos de índole política que no vienen al caso ahora. Nuestra tarea era entablar relaciones con las distintas autoridades (políticas, comunitarias, sociales), realizar una evaluación de estado actual de las estructuras electorales, de ventajas, problemas y posibles desafíos, para así poder brindar nuestra ayuda cuando hiciere falta. Este trabajo, como pueden imaginar, requería que esas mismas autoridades nos tuvieran confianza y, generarla, era una tarea lenta. El desafío se complicaba aún más porque estábamos insertándonos en una cultura distinta, con códigos diferentes, lo que incrementaba las posibilidades de un traspié. Habíamos sido informados de aspectos básicos de la cultura, claro, pero percibíamos que teníamos que tener cuidado con ciertas sutilezas para no quedar mal y hechar por la borda la misión.

En este marco pasamos nuestro primer mes de trabajo presentándonos a las distintas autoridades regionales. Costa de Marfil está dividida políticamente respetando el modelo francés: en regiones, divididas en prefecturas,  éstas a su vez en sub-prefecturas, y éstas últimas en comunas. Los intendentes comunales son elegidos por voto popular, pero los prefectos y sub-prefectos son nombrados por el gobierno central. Asimismo, se han respetado ciertas estructuras del "derecho tradicional", como son los jefes de pueblo (chef de village), mientras que a otras, si bien se permite que permanezcan, se han privado sus actos de relevancia jurídica.  En esta última categoría se encuentran los reyes tradicionales, que a pesar de no ser reconocidos dentro de la estructura estatal conservan, claro está, gran influencia en su reino. N'zi Comoé es una región que, en su gran mayoria, pertenece a lo que se denomina "pais Baoulé" y, dentro de la misma, existen varios reinos con sus respectivos reyes. Como los límites políticos internos no se corresponden en todos los casos con los límites de los reinados tradicionales, suele ocurrir que el territorio de un rey determinado no coincide exactamente con la prefectura en la que se encuentra, por ejemplo. 

Aproximadamente un mes y medio después de haber llegado a Daoukro y, habiendose incorporado a nuestro equipo tres nuevos compañeros,  el jefe de campo de nuestra organización me llamó aparte y me dijo que no se nos fuera a ocurrir olvidarnos de visitar al rey de Daoukro para presentarle nuestros respetos y pedir su colaboración en nuestra misión. "El rey es una persona muy poderosa" me dijo " y caerle mal al rey o no tenerlo en cuenta es un error que se paga caro. Si el se enoja con ustedes se les pueden cerrar puertas". Yo le pregunté inmediatamente cómo y a quién le pedíamos una audiencia con él y qué formalidades había que cumplir. "Nada más llevarle un regalo que es muy específico: vino de palma. Por lo demás, nada, te va a recibir, va a bendecir tu mision y listo". 

Inmediatamente salimos a pedir audiencia con el rey, que habia resultado vivir a unas pocas cuadras de nuestra casa. Nos atendió muy cordialmente su hija, que era también su secretaria, y nos dió una audiencia para la semana entrante. Con el primer paso cumplido, nos abocamos al segundo: conseguir el mejor vino de palma que pudieramos encontrar. Pensabamos que no debia ser dificil de encontrar dado que era el regalo tradicional para el rey. Y aquí las cosas empezaron a sonar raras: el vino de palma se vendía sólo en el mercado, en botellas de plástico de agua mineral, y costaba MUY pero MUY barato: 100 francos CFA la botella (algo asi como 3 dolares). ¿El regalo para el rey podía ser tan barato? ¿y sin estar debidamente envasado? Preguntamos nuevamente y el jefe del campo reiteró "si, vino de palma". Y bueno, nos dijimos, será que lo aprecia por ser un producto tradicional de su tierra, y lo usará en alguna ceremonia...igual nos sonaba muy raro, pero al no tener aun mucha confianza con nadie del pueblo, ni encontrar información en internet acerca de protocolos ni regalos apropiados, nos presentamos con nuestra botellita el día que nos habían dado audiencia.

Lo recuerdo como si hubiera sido ayer: bajamos de nuestra camioneta, todos emperifollados y trajeados, subimos las escaleras de la casa del rey (en cuyo living opera la Corte) y nos dirijimos hacia su hija, preguntándole si el regalo debíamos entregarselo personalmente al rey o debíamos darselo a ella. "No, dejenmelo ver a mi" nos contestó, y le entregamos la botella. Ella abrió la bolsa en la que se encontraba y abrió los ojos bien grandes "¡¿Qué es esto?!" nos preguntó con el ceño fruncido. Palidecimos y, con un hilito de voz alcanzamos a decir "Vino de palma? Nos dijeron que era el regalo que se le hacía al rey..." "¡¿Quién les dijo eso?! El regalo que se le hace al rey es una botella de gin!" Nos aclaró. "Pero ahora no hay tiempo, el rey los está esperando, después traen el regalo indicado, ya veré cómo le explico al rey ésto"

Nos quedamos mudos. Yo me debatía internamente entre querer meterme abajo de las baldosas, salir corriendo a matar al que nos había dicho y repetido que el regalo para llevarle al rey era vino de palma o martillarme la mano por boba y por no haber preguntado a la hija misma del rey acerca del protocolo adecuado. 

Nos hicieron pasar a la Corte y nos indicaron dónde sentarnos. En el salón había una silla  toda labrada en plata (que supusimos era el trono) y a sus costados, otras dos sillas importantes. En frente, a unos metros, había tres sillas más y a los costados de éstas, más sillás, formando un rectángulo entre todas. Nos preguntaron quien estaba a cargo e indicamos que esa persona era yo (¡rogando que no fuera problema el hecho que fuera mujer!)- Me hicieron sentar en una silla que se encontraba en la hilera a la derecha del rey, y a mis compañeros en aquellas que se encontraban frente a él. Un hombre, que luego nos dimos cuenta era el encargado de la ceremonia, se sentó frente a mí. Otra gente del pueblo se fue acomodando en las sillas que se encontraban en la hilera de la izquierda del rey, y allí nos quedamos en silencio unos minutos, muertos de nervios, hasta que la hija del rey apareció indicando que nos pusieramos de pie.

En ese momento hizo su entrada el rey, seguido de otros dos hombres (uno de los cuales estaba vestido como Gandhi). El hombre que estaba a la derecha del rey habló entonces en su lengua tradicional y se dirigió al hombre que estaba sentado frente mío, quien luego tradujo. Lo más llamativo era que el hombre traducía diciendo "el rey dijo que" "el rey quiere" "el rey pregunta" cuando el rey no había abierto la boca. Entre los nervios por el incidente con el regalo, el desconocimiento del baoulé y del protocolo y ceremonial de la corte, y la confusión por el hecho que el rey no hablara pero se le atribuyeran frases creo que nuestros ojos deben haber estado abiertos grandes como platos. 

La ceremonia en sí fue muy interesante, más allá de nuestra ignorancia y nuestro asombro. Nos preguntaron qué veníamos a hacer, cómo estaba compuesto nuestro equipo, si estabamos bien en la ciudad, y luego nos dirijieron al parque de la casa, donde se realizó una ceremonia. En la misma, luego de decir distintas frases en baoulé, la persona encargada de oficiarla echaba agua a la tierra tres veces, pidiendole a ella - la tierra- que bendiga nuestra misión de paz. Me hizo pensar en el culto a la pachamama y en cómo pueblos distintos en todos los confines comparten el amor y el respeto por la tierra.

Una vez que la ceremonia terminó y nos autorizaron a retirarnos salimos corriendo al almacén de ramos generales a comprar el gin más caro que encontramos, lo envolvimos en papel de regalo y, unos 15 minutos después, estábamos de vuelta en la casa del rey, entregándoselo a su hija, que largó una carcajada enorme al vernos llegar tan rapidito con el regalo apropiado. Pedimos disculpas una vez más y nos retiramos rumbo a la oficina.

Siempre fui conciente que, para superar esa gran gaffe, contamos a nuestro favor con el buen humor y la hospitalidad baoulés (que son famosos) y con la buena voluntad del rey y el resto de la Corte. Y salimos airosos. Por un pelo. Por eso, esa tarde, lo primero que hicimos fue enviar un reporte oficial a nuestros jefes, para que informaran debidamente a nuestros compañeros en otras regiones que, si visitaban al rey, debían llevar GIN. Gin, nada más y no otra cosa. Gin. Todavía me lo recuerdo a mí misma cada tanto, por si acaso la vida vuelva a ponerme en esa circunstancia.














1 mar 2010

Pedidos insólitos

Los hoteles de lujo son lugares de ensueño y su personal debe estar dispuesto y preparado a facilitar el cumplimiento de los deseos de sus huéspedes. Pero a veces estos deseos exceden lo normal, ya que los super ricos a veces tienen "antojos" bastante extraños. 

Cada tanto leo en diarios o en Internet notas acerca de esta clase de pedidos, en la que conserjes relatan cómo el hijo de algún jeque pidió llevar un elefante al hotel para su fiesta de cumpleaños, o cómo un huesped pidió que le enviaran a su habitación todas las novedades discograficas diarias de una X compañía. 


Aquí  y aquí les dejo dos notas de este tipo que leí últimamente, donde cuentan acerca de gente que pide que hagan algo con el ruido del mar que les molesta para dormir, gente que se hace traer una cheesecake de NY porque no les gusta la del hotel, y  hasta gente que exige que envíen un ingeniero a la habitación para modificar el tipo de chimenea instalada en la misma. 


Leer estas notas me parece divertido pero confieso que, si trabajara en un hotel así, la cosa seguramente me parecería menos simpática. Y a ustedes ¿qué sensación les dejan estos artículos? ¿Les divierten, les molestan o les son indiferentes? Si pudieran parar en uno de estos hoteles ¿se les ocurriría algún pedido extraño?


¡Que tengan una hermosa semana!