Mostrando las entradas con la etiqueta reflexiones. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta reflexiones. Mostrar todas las entradas

21 mar 2011

Spring is in the air


La primavera llegó a Nicosia. Ya se oyen los pajaritos cantar por las mañanas, los naranjos están en flor en las veredas y la temperatura empieza a rondar los 23-26 grados a diario. 

A diferencia del verano, aún corre una brisa fresca tempranito a la mañana y al atardecer, cuando el sol está bajo y con luz suave. Este es el tiempo de aprovechar el balcón, de sentarnos a desayunar con la brisa mañanera revoleandonos el pelo,  mirando la ciudad teñirse de colores.

Esta, y el otoño, son las epocas más lindas en esta ciudad, y ambas duran poco. La primavera, aquí, muta rápidamente en verano a comienzos de mayo, y el otoño no llega hasta entrado octubre o, a veces, incluso noviembre. El invierno de verdad no llega nunca, pero lo que quienes aquí vivimos llamamos invierno (que es un otoño medio frío) no llega hasta las fiestas de diciembre. 

¿Cómo viven ustedes el cambio de estaciones? ¿Cual estación es su preferida?

¡Que tengan una hermosa semana y hasta el próximo post!




18 mar 2011

Esperanza


Sólo quería transmitirles eso. 
Esperanza. 
Por que en Japón logren controlar los reactores nucleares y se evite una catástrofe.
Por que el pueblo de Costa de Marfil encuentre el camino hacia una paz duradera sin derramar más sangre.
Por que los pueblos de Lybia, Bahrain y Yemen puedan decidir democráticamente cómo y por quién ser gobernados, sin poner en riesgo la vida de nadie por así quererlo.
Por que Egipcios y Tunecinos sepan encontrar el camino hacia un sistema de gobierno democrático y egalitario.
Esperanza.


Que tengan un hermoso y  feliz fin de semana


20 feb 2011

La flor de mi secreto





A lo largo de este año y poco que hace que vengo escribiendo este blog, he recibido diversas y variadas consultas por email, por facebook, y a veces en los comentarios, pero hay una que sin dudas es la más frecuente : ¿Cómo haces para viajar tanto? ¿Quien financia tus viajes? ¿Cómo consigues el dinero para viajar?


Cómo la inquietud es recurrente en este blog , y común en blogs de viajes en general (lo que me hace pensar que existen grandes posibilidades que se vuelva a presentar), he decidido escribir acerca del secreto detrás de mis viajes en este post.

Así que sin más prolegómenos, ahí va; Señoras y señores, lamento comunicarles que no existe tal secreto, no me pagan para viajar, ni gané la lotería, ni nací en una familia acaudalada, ni de hecho tengo ahora mucho dinero. No hago reviews de hoteles, ni escribo para publicaciones de viajes, ni trabajo en una aerolinea. 

Entonces ¿cómo viajo? La respuesta es muy simple y espero que, en lugar de desilusionar a viajeros en potencia, les haga darse cuenta a quien tenga ganas de salir a recorrer el mundo que ésto a veces requiere menos de lo que se pretende y lo anime a partir, si eso es lo que quiere. 


A lo largo de mi vida adulta (no cuento los viajes que he tenido la suerte de realizar con mis padres) mis viajes se han financiado de las siguientes dos maneras:


1) Estudio e investigación. Siempre fui buena alumna y esto me abrió la posibilidad de recibir becas para congresos, concursos de alegatos, pasantías e intercambios en el interior de mi país y en el exterior. El objetivo principal de estos viajes, claro está, no era el viaje en sí, pero me brindaron la posibilidad de ver más ciudades y de explorar más países que los que hubiera podido costear de mi propio bolsillo. Quiero dejar en claro cual era el objetivo de estos viajes, porque considero que poner el acento en la parte turística hace perder de vista que, cuando uno recibe una beca, recibe tambien la responsabilidad de representar la institución que la provee, y por lo tanto la prioridad debe estar puesta en el rendimiento académico. Pero una vez cumplidas mis obligaciones, no sólo exploraba la ciudad en la que estaba, sino que con frecuencia extendía uno o dos días el pasaje y estiraba el dinero de viáticos y viajaba a conocer uno o dos ciudades más por mi cuenta. Por ejemplo, cuando fui a Santiago de Chile a un concurso de alegatos, aproveché para conocer Viña de Mar e Isla Negra (donde está la casa de Pablo Neruda). Ahorrando muchísimo pude utilizar una beca de investigación para costear tambien una pasantía de dos meses en NY. Creo que se dan una idea.


Si se encuentran estudiando, o piensan comenzar sus estudios, y les gustaria realizar una experiencia en el exterior que pueda brindarles, ademas del enriquecimiento académico propiamente dicho, la posibilidad de vivir en una cultura diferente, simplemente visiten la Secretaria de Relaciones Exteriores/Internacionales de su Universidad y, en lo posible, haganlo temprano en la carrera, ya que eso les permitirá asegurarse de que su CV cuenta con todo lo que ustedes necesitarán para postular. Y estudien idiomas, siempre abren puertas. No esperen que la oportunidad venga a buscarlos, busquen ustedes las oportunidades que desean. 


2) Trabajo.  O sea, con el producto de nuestro trabajo: mi salario o el de mi marido, o una combinación de ambos (dependiendo el caso). Tambien he conocido lugares gracias a viajes de trabajo, en los que, una vez cumplidas las obligaciones laborales, me lanzaba a explorar la ciudad en que estaba. Así es como conocí muchas ciudades de Costa de Marfil, por ejemplo. El resto de los viajes han sido simplemente costeados con mis/nuestros ahorros, son nuestras vacaciones. 


Hay que tener en cuenta, por otra parte, que nosotros no sólo viajamos por turismo, sino que vivimos fuera de nuestros paises de origen por trabajo, y que somos un matrimonio multicultural. Esto hace que, desplazarnos, sea necesario, y nos facilita conocer nuevas regiones, culturas, aprender nuevos idiomas, etc. Por ello es que no solemos hacer viajes que nos impliquen grandes desplazamientos, sino que nos concentramos en conocer lugares cercanos al pais de destino. Lo nuestro no es un viaje aventura, es una forma de vida en la que desplazarse, y trotar mundos, es parte de nuestro trabajo y, en definitiva, de quienes somos.


Creo que depende de cada persona analizar cuales son las posibilidades a su alcance para viajar, y qué destino está a su alcance en un momento determinado. Creo tambien que hay formas más baratas y más caras de viajar pero que viajar en sí no es algo inaccesible. Viajar a NY, alojarnos en el hotel Four seasons, comprar en Tiffanys, Bergdorf Goodman y las grandes tiendas, comer en Cipriani y Le Cirque  obviamente no representan la clase de viaje que todos podemos hacer (yo, al menos, no tengo los medios económicos para viajar con esos lujos), pero esa no es la única forma de viajar. Si de viajar en sí, si de conocer, es de lo que se trata, hay muchas opciones que hacen que esto sea posible aún con bolsillos medianamente magros, por ejemplo:


- Utilizar aerolineas baratas, aunque los servicios que brindan sean menores y requiera viajar con menos equipaje (ej: ryanair, easy jet) o hacer varias escalas.
- No viajar en temporada alta para evitar pagar precios mas caros. Por ejemplo, viajar a Europa durante el invierno es mas barato (en pasajes como en precios de alojamiento), y hasta hay menos colas para entrar a los museos.
- Usar servicios como couchsurfing o home exchange para alojarse (hablé de ellos en este post), en lugar del clásico hotel.
- Si no se confía en los servicios arriba mencionados para alojarse, optar por hostels,bed and breakfasts, o departamentos (ya que estas opciones permiten cocinar, y asi ahorrar en comida). O bien,  acampar.
- Una vez en destino, desplazarse caminando y, en su defecto, utilizar el transporte público en lugar de taxis. 
-  Visitar las sedes de las secretarias de turismo del lugar de destino para conocer descuentos y actividades gratuitas (online (antes de viajar) y en persona, una vez allí). Visitar las webs de los museos para ver qué dias tienen tarifas reducidas. Sacar las entradas a los museos por internet y por adelantado para obtener descuentos e ingresar más rápidamente.
- Para desplazamientos dentro de un mismo pais, salvo que las distancias sean enormes o estemos cortos de tiempo, explorar opciones ademas del avión, como el tren o el bus. En Europa o en USA los buses suelen ser bastante más baratos que el tren, por ejemplo.
-Evitar hacer compras en negocios para turistas; comprar fruta en un supermercado, pan en una panadería, salir a caminar con algo para comer para evitar gastar de más en el camino o cerca de museos y monumentos (donde todo es mas caro). 


Asimismo, al menos en mi experiencia, viajar atrae más viajes. Uno conoce gente, hace amigos de otros lugares, intercambia datos para abaratar costos y tips, y asi se van abriendo posibilidades de viaja más, a lugares diferentes. Para darles un ejemplo personal: La primera vez que fui a Paris, paré en el departamento que la amiga de una amiga francesa que había conocido en Québec  me subalquiló baratísimo mientras ella estaba de viaje. A veces justo conocemos alguien que viaja en auto a un destino al que queremos ir, o que tiene una casa de vacaciones que puede prestarnos en X lugar, o una habitación donde alojarnos, etc, etc,etc. Las posibilidades son muchísimas.


Finalmente, viajar implica para los simples mortales como yo (que carecemos de sueldos millonarios) ajustar el presupuesto en otras cosas como ropa, salidas, etc. Esa es mi opción, nuestra opción, y cada quien verá qué le gusta más y está bien así. 


Espero que este post haya clarificado un poco las dudas que me han planteado al respecto, y les haya dado ideas para viajar sin grandes presupuestos. 


Y ustedes, queridos lectores ¿Han viajado barato de alguna manera no nombrada aquí y que pueda servirle a quien desea trotar mundos?


Les deseo una hermosa semana, y en el próximo post volvemos a hablar de Paris.











17 feb 2011

Formas de viajar




En el post anterior les hablaba de mi forma de recorrer Paris, perdiendome entre las calles, sin prestar atención a las guías de viajes, dejandome guiar por el instinto. Desde hace varios años, planifico mis viajes leo las guías de viajes e investigo en internet acerca del lugar de destino antes de partir, así una vez que el viaje en sí comienza (desde el momento de cerrar la puerta de casa), me siento libre de hacer lo que me plazca en el momento, de ir o no a museos, de visitar o no tal o cual lugar. Sé qué hay para ver y qué se puede hacer y cómo moverme, pero no me siento obligada a ver ni hacer nada que no quiera en el momento. Los viajes, para mí, son momentos de puro disfrute. 

Pensar en esto me hizo recordar este pasaje de uno de mis libros favoritos, Historias de Cronopios y de Famas, de Julio Cortazar: 

" Cuando los famas salen de viaje, sus costumbres al pernoctar en una ciudad son las siguientes: Un fama va al hotel y averigua cautelosamente los precios, la calidad de las sábanas y el color de las alfombras. El segundo se traslada a la comisaría y labra un acta declarando los muebles e inmuebles de los tres, así como el inventario del contenido de sus valijas. El tercer fama va al hospital y copia las listas de los médicos de guardia y sus especialidades.    Terminadas estas diligencias, los viajeros se reúnen en la plaza mayor de la ciudad, se comunican sus observaciones, y entran en el café a beber un aperitivo. Pero antes se toman de las manos y danzan en ronda. Esta danza recibe el nombre de "Alegría de los famas".
Cuando los cronopios van de viaje, encuentran los hoteles llenos, los trenes ya se han marchado, llueve a gritos, y los taxis no quieren llevarlos o les cobran precios altísimos. Los cronopios no se desaniman porque creen firmemente que estas cosas les ocurren a todos, y a la hora de dormir se dicen unos a otros: "La hermosa ciudad, la hermosísima ciudad". Y sueñan toda la noche que en la ciudad hay grandes fiestas y que ellos están invitados. Al otro día se levantan contentísimos, y así es como viajan los cronopios.
    Las esperanzas, sedentarias, se dejan viajar por las cosas y los hombres, y son como las estatuas que hay que ir a verlas porque ellas ni se molestan."



 O sea, yo vendría a ser, pre-viaje, un fama, y, ya viajando, 100% cronopio. 


Y ustedes ¿Cómo viajan?


¡Que tengan un hermoso día y hasta el próximo post!


* El niño de la foto es mi hijo Luka, viendo la lluvia caer por primera vez, en Paris.

8 dic 2010

Raices, arraigos y desarraigos: cuando el destierro es involuntario



En la década del '90 había una publicidad que veía siempre en CNN y que, por más que he buscado y buscado en internet, no he podido encontrar. En la misma había una ciudad de playmobils, representando la vida cotidiana: casitas, autos, gente por las calles,perritos, autos. En un momento la cámara se centraba en uno de ellos y una voz en off decía algo así como : "Imagina si tuvieras una familia, un auto, una casa, amigos, vecinos" Entonces se oía ruido de sirenas y bombas,  los playmobils que rodeaban a aquel en el cual la cámara estaba centrada desaparecian, y la voz en off decia algo asi como : "Y de pronto no tuvieras nada. Así se siente un refugiado"

Nunca olvidé ese spot publicitario. 

Años más tarde, en 2005, cuando estaba en Fuerteventura, tuve la oportunidad de colaborar como voluntaria en una organizacion que trabajaba con refugiados (un tema muy actual en las Canarias a causa de las famosas "pateras"*). A ese organización llegó un día un hombre de Costa de Marfil, que había huido gracias a su empleador (francés) del conflicto que se había desatado en Noviembre de 2004. El día en que el conflicto había explotado, él trabajaba en el puerto y vivía con su mujer y sus hijos (de una etnia diferente), en una casa en un barrio residencial de Abidjan. En la casa de al lado vivian sus padres. Ese día, mientras él trabajaba, sus vecinos lo habían llamado por telefono para que fuera rápido porque estaban  atacando las casas de gente que se percibia como amiga de franceses...y él no había llegado a tiempo. Sus padres habían sido asesinados y de su mujer y sus hijos no había noticias. Algunos decían que su suegra (originaria del norte del pais) habÍa ido a buscarlos para llevarlos con ella y que aún estaban vivos. Nadie podía asegurarlo, ni había tiempo para averiguar si era verdad. Sólo quedaba escapar. 

La historia de su huida es la historia de una odisea con todas las letras. Su empleador francés, quien lo quería mucho, pagó a un hombre que le prometió que lo llevaría a Europa. El trayecto se inició en vehículos pero pronto tuvieron que dejarlos y seguir a pie, cruzando así incluso el desierto de Mauritania, hasta llegar a la costa. Allí, luego de 40 días casi sin comer ni beber, lo llevaron junto a otro grupo de africanos a un barco y, una vez en alta mar, tiraron unas balsas precarias al agua. Y luego los tiraron a ellos al grito de "Europa está allá", señalando las Canarias. Sin remos, quienes sobrevivieron la caida al agua (y no se ahogaron por no saber nadar) quedaron a la merced de las mareas para llegar a destino. Sin agua potable, no todos los que lograron subir a la balsa sobrevivieron el trayecto hasta que la Guardia Civil los encontró.

No voy a hablar de políticas de asilo ni inmigratorias, ni es mi deseo abrir debate acerca de este tema. Pero, ya que hablamos de desarraigo, creo importante tene presente que, así como algunos de nosotros elegimos buscar un hogar en otras tierras (ya sea por amor, por trabajo, por curiosidad, por estudio, o por el motivo que fuere) así tambien hay gente a quien el desarraigo le es impuesto, gente que deja su hogar para salvar su vida, gente que es expulsada de su tierra-literalmente. Gente que lo ha perdido todo y para quien, volver a su pais de origen, equivale a una condena a muerte.

Si aun cuando la partida es voluntaria, la nostalgia en muchos casos está presente ¿alcanzamos acaso a imaginar siquiera cómo se siente aquél que ha debido huir por su vida, con lo puesto, y que llega a un pais cuyo idioma muchas veces no habla, sin conocer a nadie, en un estado de total desolación? Hay en el mundo más de 43 millones de personas desplazadas. Yo me tomo hoy el atrevimiento de pedirles que, hoy, por un  segundo, pensemos en ellas.

Aqui pueden ver historias de refugiados que se encuentran en Chipre, aqui pueden jugar a un juego para ver cómo siente un refugiado y aqui pueden obtener  más información acerca del tema.


Los dejo con una publicidad del ACNUR (que es muy impresionante, quedan advertidos).


¡Que tengan un hermoso día y hasta el próximo post!






*Balsas precarias en las que africanos llegan a Europa, en busca de un destino mejor.

30 nov 2010

Raices, arraigos y desarraigos: mi historia




Il faut voyager loin en aimant sa maison*.


Cuando yo era chica, según cuenta mi mamá, yo amaba Córdoba y decía,  a quien quisiera escuchar, que no había ciudad más linda que aquella en la que yo había nacido. Era, claro está, un versito bien aprendido porque no había viajado mucho y, las veces que lo había hecho era tan pequeña que no había tardado en olvidar cómo lucían las ciudades en las que había estado. Pero como mi papá me decía que Córdoba era HERMOSA, yo lo repetía, y creía de verdad que ciudad más bella no podía existir.

La ilusión duró poco.

Cuando tenía 7 años, viajé con mi familia a Buenos Aires durante unas vacaciones de invierno y fue verla desde el avión y caer rendida a sus pies. Para quienes no conocen la ciudad, les cuento que los vuelos que llegan desde el interior del país, lo hacen a un aeropuerto ubicado muy céntricamente, y sobre la rivera del Río de la Plata, y antes de aterrizar y al despegar, uno sobrevuela las partes más bellas de la ciudad, Avenida 9 de Julio incluida. O al menos así es cuando uno llega desde Córdoba. Buenos Aires, a quien alguien llamó alguna vez la Paris del Sur, se despliega así desde el primer momento en todo su esplendor. Recuerdo vívidamente la fascinación que sentí esos días mientras caminaba por sus calles, corría por las plazas, observaba los edificios, los cafés, la gente que caminaba apurada por las calles del centro.

La fascinación fue tan grande que, al terminar las vacaciones, no quería volver. Peor aún, cuando el avión que nos llevaba de vuelta a Córdoba empezó a sobrevolar la ciudad ésta me pareció...insulsa. Y, con verguenza y, sobre todo culpa, le confesé a mi mamá que Buenos Aires era mucho más linda. 

Ese fue mi primer acto de "traición emocional a la Patria" o el origen de mi Fernweh. Y fue el origen, porque el descubrimiento de que existía un lugar no sólo más bello (para mí) que aquél que conocía, sino donde me había sentido tan bien como para querer quedarme, abrió la compuerta a otra serie de pensamientos por el estilo: ¿y si no sólo me gustaba alguna ciudad más que Córdoba sino más que Buenos Aires? ¿Y si me gustaba más otro país? ¿otro continente? ¡Las posibilidades eran ilimitadas!


Pensandolo bien, el Fernweh en mí bien podría ser genético porque vengo de una familia en la que no han habido desde hace 100 años dos generaciones seguidas que permanezcan en el mismo lugar donde nacieron. Mi bisabuelos paternos (por línea paterna) nacieron en España, de donde salieron huyendo (según cuentan algunas versiones de la historia familiar) con mi bisabuela embarazada de mi abuelo, quien nació en el barco (supongo que en aguas argentinas porque tenia la nacionalidad argentina). En esta misma rama de la familia hay un famoso tío de nombre Pedro que aparentemente fue tremendo trovador y que pasó su vida recorriendo provincias con su guitarra y dejando hijos en cada una de ellas, a los que luego volvía a darles su apellido (así que si alguno de los que lee este blog tiene algún tío abuelo así en el anecdotario familiar ¡podemos ser primos! ;). Mi bisabuelo materno llegó desde Italia en 1922, porque habiendo peleado en la primera guerra mundial, temía una segunda. Su mujer y su hija (mi abuela) lo siguieron en 1929, con mi abuela de 7 años, y se instalaron en Chivilcoy, provincia de Buenos Aires. Mi papá nació en la provincia de Chaco, mi mamá en la provincia de Buenos Aires, pero  se conocieron, se enamoraron,  se casaron y formaron una familia en Córdoba. Que yo saliera a trotar mundos era, visto asi, seguir el orden lógico de las cosas, continuar esa especie de sino familiar que nos transforma en buscadores del hogar. Sólo que un poco más extremo, considerando los lugares donde he estado ;)

Aceptar este sino, sin embargo, no fue facil. Desde ese viaje a Buenos Aires y, aún más a medida que fui creciendo, tuve la sensación que era más facil ser feliz en otros lugares. Que ME era más facil ser feliz en otros lugares, para ser exacta, porque al fin y al cabo, aquello que nos hace felices es relativo, al igual que aquello que nos gusta o no. No hay lugares buenos o malos en abstracto, en mi opinión, sino lugares a los que pertenecemos y que se nos revelan instantaneamente, y otros en los que insertarnos representa un esfuerzo. A mi, pertenecer a Córdoba y hasta a Argentina, me implicó, ya desde chica, un esfuerzo de adaptación que no sentí en otros lugares, por extraño que parezca. 

Esta realidad, tan intrínseca en mí, esta sensación tan arraigada, tan fuerte que tuve desde muy pequeña no fue fácil de aceptar para mucha gente. Y esto es porque, en mi experiencia, a la gente Heimweh le cuesta mucho entender (y aceptar) a los Fernweh. No sentirse arraigado al lugar de origen es visto como una traición, como una ofensa. Frases como "¿cómo puede gustarte algún lugar más que Córdoba?" "En ningun pais vas a vivir mejor que en Argentina" "Lo que pasa es que vos sos fría, por eso te da igual estar lejos de tu familia" "Vos te queres ir porque sos materialista y buscas confort económico antes que afectos" hasta lugares comunes de corte pseudo psicológico como "Los que se quieren ir buscan huir de algo pero uno siempre se lleva a sí mismo en la valija" son cuestionamientos con los que tuve que lidiar toda mi vida. Y muchas veces me pregunté a mí misma si no había algo de verdad en ellos, y hasta intenté sentir ese arraigo y la conclusión siempre fue la misma: el arraigo en mi propia tierra implicaba un esfuerzo, y uno aún más grande después de salir de ella. Por más corto que fuera el tiempo que hubiera estado afuera, siempre sentí shock cultural inverso al volver, como Oliveira en Rayuela, cuando al volver a Buenos Aires:

"Se dio cuenta que la vuelta era realmente la ida en más de un sentido"***

Pero a pesar de ésto, cuando me fui definitivamente, no buscaba irme. Creo que durante años, de alguna manera, me había preparado para irme (estudiando varios idiomas, por ejemplo) y que los esfuerzos de adaptación a mi propio lugar de origen facilitaron mi nomadismo: sentirme extraña, al fin y al cabo, era lo normal para mí, y sabía de memoria cómo hacer para incorporarme, de a poco, a un lugar y a una cultura que percibía como diferentes (a veces en sutilezas) a la mía propia. Pero, en concreto, partir cuando lo hice fue más el resultado de un conjunto de circunstancias externas que de una búsqueda activa de partir a donde finalmente recalé inicialmente.

El destino original de esa partida, el primer lugar que me acogió por aproximadamente cinco meses fue Fuerteventura, Islas Canarias, España. Partí con un pasaje de avión, unos pocos euros y la invitación de una gran amiga que me acogió con su familia y me guió esos primeros meses. Cuando miro hacia atrás, recuerdo ese tiempo como un momento de contemplación: no tenía la más remota idea de qué iba a depararme el destino y, visto que muchas cosas habían salido mal en un pasado reciente, no me animaba aún a hacer planes a mediano ni largo plazo. Pero España me curó las heridas bastante rápido, con su gente cálida, simpática, abierta  y trabajadora y me renovó la confianza en muchas cosas, pero sobre todo en mi y en  mi destino. Y así, con una confianza rayana en la inconciencia, envié en la víspera de mi cumpleaños una postulación a un puesto que deseaba mucho pero que, dentro de mí, creía imposible obtener. Tres días después me llamaban por teléfono y tenía la primera entrevista para ese puesto, dos meses y medio después dejaba España rumbo a Costa de Marfil.

En Costa de Marfil, todo habria de cambiar definitivamente, porque al día siguiente de llegar conocí a quien hoy es mi marido. Una semana después comenzamos a salir. Un mes después él me pidió casamiento. Cuatro meses después, nos casamos en Florencia, Italia. Durante todo ese tiempo, yo vivía en el interior del pais y él en la capital y viajabamos para vernos cuando podíamos, en el medio de un país convulsionado por una crisis y una guerra recientes y unas elecciones esperadas pero que no habrían de ocurrir. Dejamos Costa de Marfil para casarnos dos días antes que se desatara otra crisis y volvimos a un país más tenso aún que aquel que habíamos dejado.

Yo cambié de trabajo, armamos nuestra casa con la particularidad de la vida en zonas de conflicto, que dicta que uno se establece a medias, manteniendo siempre más o menos preparada una valija de 20 kgs para caso de evacuación, de forma minimalista, porque uno tiene reticencia a llenarse de objetos que luego serán de dificil traslado, sin saber demasiado cuánto tiempo más uno habrá de permanecer en ese lugar, ajustándose a restricciones de movimiento, acostumbrándose a salir del pais cada tres meses...un poco aquí y un poco allá los años fueron pasando y justo cuando las rutinas empezaban a hacerse propias y  Abidjan empezaba a sentirse hogar, llegó la hora de partir.


Durante un tiempo habíamos estado buscando trabajo en un país más apto para formar una familia, no sólo sin tantos problemas securitarios sino sin enfermedades tropicales como la malaria (que yo había padecido ya dos veces, y mi marido una). Y en Junio de 2007 ese trabajo llegó para mi marido, en Chipre. Yo permanecí en Abidjan seis meses más y me le uní en diciembre. Nos encontramos en Belgrado y, juntos, llegamos  Chipre en la nochebuena del año 2007, y aquí estamos desde entonces, aquí nacieron nuestros hijos, y aquí permaneceremos hasta que el destino vuelva a llamarnos para partir al encuentro de nuestro próximo destino.

Si partir es morir un poco, a estas alturas debo tener mucho de Fénix. Con cada partida muere en mí algo de aquella persona que fui en el destino anterior, quizás porque esas muertes sean necesarias para la adaptación al próximo lugar, quizás porque no eran parte constituyente de mí misma. Así, vivir afuera, entre otras cosas, ha definido extrañamente los ribetes particulares de mi Argentinidad: la mirada del otro, el contacto con esa otredad tan obvia de la cultura ajena, no sólo me han hecho dejar de lado caracteristicas identificadas con el ser argentino  sino que me han aferrado a otras que no eran tan obvias para mí cuando vivía allí. Las cosas que extraño pueden no ser las cosas más comunes y pueden no ser suficientes para hacerme querer volver a vivir en Argentina, pero han servido para definirme. 


Y es por esto mismo, por esas cosas que mueren y nacen en mí con los kilómetros, los países, las culturas, las experiencias, que mi argentinidad ha perdido la obviedad. Para gran sorpresa mía, este año, sentí que me negaban tres veces: Argentinos no me reconocieron como Argentina. Hasta este año, siempre que me encontraba con algún connacional, éste me identificaba como tal antes de que abriera la boca. Hasta este año, en que empezaron a escuchar con sorpresa mi acento cordobés.  Yo no sé qué cambió, qué parte sutil se vió modificada sin que yo me diera cuenta, pero supongo que esa es una de las consecuencias del trotar mundos durante un cierto tiempo. Parte del ser que fui en Argentina debe haber muerto en la adaptación a otros lugares, y con cada año que pasa siento que sería más dificil volver a vivir allí. Aun cuando comprendo la forma de pensar, ya no la intuyo como antes y  al leer los diarios comienzo a sentir sorpresa, porque he dejado de comprender por qué las cosas son cómo son y no de otra manera o mejor dicho, por qué las cosas no pueden ser de otra manera. Mi lógica es hoy distinta en más de un sentido y, si bien nunca tuve una forma de pensar muy típica, esas características que me hacían sentir ajena, hoy se han acentuado. 


Extraño a mi pequeña familia (mi mamá y mi hermano) y extraño a mis amigas a punto de mirar con cara de carnero degollado los grupos de mujeres tomando café en los bares, pero no al punto de querer volver (sino más de traermelos a donde yo estoy, je) porque los siento cerca a través de emails y de llamadas telefónicas. Y por otra parte porque no me engaño pensando que de volver (si así lo quisiera) las cosas serían como eran, porque aunque en mi cabeza mis afectos hayan quedado suspendidos en el tiempo, y sigan teniendo la edad que tenían cuando me fuí hace casi 6 años y sigan pensando y sientiendo como entonces, sé, racionalmente sé, que no es así. Que el tiempo ha pasado para todos y que así como las experiencias que cuento en este blog y otras tantas más me han cambiado a mí en más de un sentido, así tambien cada una de esas personas, en este tiempo ha peleado sus propias luchas, reido con alegrías y llorado con lágrimas y tristezas que no hemos compartido. 


Mis hijos, hoy pequeños, son productos de esta familia multicultural y nómade en la que nacieron, con padres de paises distintos, obligados a aprender tres idiomas desde la cuna (y un par más a la brevedad, para poder adaptarse a este tipo de vida), con familias y tíos postizos que los ven crecer por fotos,  que los escuchan hablar en videos, que les mandan su cariño por mail y por correo. Muchas veces me pregunto si ellos irán a necesitar permanecer en un lugar determinado, si extrañarán la idea de un tipo de hogar que nunca han tenido, o si estarán felices con esta realidad de hogares temporarios y, como sus padres, sentirán exitación al mirar un globo terráqueo y pensar : "Y ahora: ¿a dónde? ¿cual será el próximo destino? ¿cuál es próximo idioma que deberemos aprender? ¿qué nuevas costumbres deberemos incorporar? " Es dificil saberlo.

La noción de hogar, creo hoy, tiene connotaciones diferentes para cada persona,  aquello que constituye las raices es distinto para cada uno y , así como hay personas que no conciben las posibilidad de moverse del lugar en que nacieron, hay otras que se sienten como plantitas a quienes el viento arrancó de cuajo al nacer y  casi por error estan en tierras extrañas, con raices a medias, sintiendo que en realidad tendrían que haber nacido en otra parte. Hay quienes sienten que hasta viajar como turistas es una pérdida de tiempo y pueden estar en la cima de la Torre Eiffel pensando qué hacen allí y que extrañan su casa****, hay quienes aman viajar pero aman igualmente retornar a un hogar definido y para quienes la vuelta a casa es tan placentera como la exitación de la partida, y hay quienes como yo, sienten que el hogar no es un lugar fijo sino un lugar por descubrir, si acaso, y que está bien así; que el hogar puede ser un conjunto de lugares temporarios donde poner los libros y dejar reposar las valijas, quietas, por un rato. Y que el resto se lleva en los recuerdos y el corazón.




Aquí les dejo algunas imágenes de Chipre, y les deseo que esta sea para ustedes una hermosa semana!


La roca donde nació Afrodita: Petro tou Romeo





Ledra Street, en el centro de Nicosia (lado Griego):


Bahía de Kyrenia ( en el norte de la isla, del lado Turco)


Kakopetria (en las montañas Troodos, al centro de la Isla):




* Apollinaire, Les Mamelles de Tirésias (citado en Rayuela, "Del lado de acá")
**La imagen del comienzo es una foto de la Iglesia Catedral de Córdoba, Argentina, vista desde la plaza que se encuentra en frente, llamada Plaza San Martin. San Martin fue el libertador de Argentina. La foto fue tomada en abril de 2006. 
***Rayuela, capítulo 40
**** Historia real. Conocí a alguien a quien le pasó exactamente eso.





15 nov 2010

Raices, arraigos y desarraigos en otros blogs




¡Hola! ¿Cómo están? ¿Cómo pasaron el fin de semana? Espero que hayan sido unos días hermosos y que esta semana que comienza sea muy buena también.

La serie de posts sobre las raíces ha tenido una muy buena recepción y algunos lectores han manifestado sus ganas de leer más experiencias, más historias personales, más reflexiones al respecto. Por eso se me ocurrió que, antes de contarles mi historia, sería buena idea dejarles los links de algunos blogs que han tratado el tema de manera interesante, sensible, reflexiva.


Estos son los blogs siguientes:



Manolito, su autor, emigró a Australia hace más de veinte años y lleva varios escribiendo un blog muy interesante. En el mismo encontrarán varias reflexiones acerca de la emigración, en particular les recomiendo las series : Por qué emigra el emigrante y las reflexiones acerca de lo ganado y lo perdido con la emigración.




Su autora es una mujer de negocios norteamericana que vivió durante más de 5 años en Europa (Londres y Estocolmo) y, luego de mucho viajar, acaba de volver a su Boston natal. Les recomiendo en particular este post, reflexionando sobre el hogar y sobre el volver a un lugar alguna vez llamamos hogar y ahora ya no se siente tanto así. 



Uno de mis blogs preferidos, y no es novedad porque lo he dicho muchas veces. Sabrán perdonar que sea repetitiva ;)

La noción de hogar se encuentra siempre presente en los posts de Belette, y sus reflexiones están llenas de profundidad y sensibilidad. Les recomiendo especialmente este post (porque el hogar puede revelarse en cosas pequeñas y aparentemente intrascendentes, comoque alguien conserve una foto de nuestros gatos, aún años despues de nuestra partida) y esta serie, intitulada: Home is where the guest blogger is (el hogar es donde está el blogger invitado).


Espero que los disfruten tanto como yo.

¡Que tengan una semana maravillosa y hasta el próximo post!



* La imagen del comienzo corresponde al Parque Sarmiento, en la ciudad de Córdoba, Argentina

2 ago 2010

Mi Belgrado



Llegué a Belgrado por primera vez hace 4 años y medio, una noche de febrero muy fría, sin saber demasiado qué esperar. Llegaba con mi marido, con quien acabábamos de casarnos en Italia y era ése un viaje que no habíamos planeado. 

El día de nuestro casamiento habían evacuado de Costa de Marfil al personal de la organización para la que trabajábamos, a causa de ataques contra la misma y revueltas. Como consecuencia de ello, sólo el personal indispensable podía quedarse en el pais: como yo no formaba parte de este grupo de gente, no podía volver. Mi marido, en cambio, debía hacerlo a la brevedad. Así que, a dos semanas de casados, y en vistas de que deberíamos estar separados por un tiempo indeterminado, decidimos que, por una cuestión de proximidad con Costa de Marfil, yo me quedara en Belgrado (con su familia, a quienes no conocía) en lugar de viajar a Argentina. Y en esas condiciones llegué a la ciudad por primera vez.

Antes de ese momento, Serbia era para mí  un gran interrogante, y lo poco que conocía del país estaba marcado por el estudio de Derecho Internacional: el desmembramiento de la ex-Yugoslavia, las guerras cruentas, la secesión de su territorio, Milosevic, Kosovo, el Tribunal para juzgar los crímenes de la ex-Yugoslavia, el bombardeo de la OTAN en 1999, la Operación de Mantenimiento de la Paz de la ONU. A lo largo de nuestros pocos meses de noviazgo, mi marido había ido sumando otras imágenes con sus relatos, pero aún así no alcanzaba a imaginar qué ciudad iba a encontrar. Esa noche y las tres semanas siguientes fui descubriendo una Belgrado que nada tenía que ver con el horror de la década anterior, descubrí la Belgrado de mi familia.


Belgrado se transformó en un lugar donde no me llamo Marcela sino Snjaka *("la nueva esposa" o "la nueva hija política"), donde la familia es grande y está muy presente, donde siempre hay alguien para dar una mano, donde las casas tienen sillones-cama enormes y comodísimos ( y donde hasta los hay en la cocina para tener siempre lugar por si un pariente está de visita en la ciudad y necesita lugar donde quedarse). Belgrado es, para mí, la ciudad de los cafés y las calles arboladas, de la gente muy alta (sepan comprender que ésto me asombre: mido ¡1.58 mt.!) y las mujeres bellas y de punta en blanco. Es una ciudad caminable y caminante, una ciudad de parques y plazas, de crudos inviernos y veranos soleados, una ciudad con murallas, con historia, una ciudad de ríos de cuentos y de valses a los que creció dándoles la espalda, una ciudad vieja y una ciudad nueva, una ciudad nostálgica, una ciudad puente y una ciudad bisagra. 




*se pronuncia "snaica"

29 jun 2010

La Vuvuzela, el mundial y las costumbres locales





El mundial de futbol de Sudafrica 2010 me enseñó una palabra nueva: Vuvuzela. Nunca la había escuchado hasta después del primer partido cuando, luego de preguntarme qué hacía ese ruido tan fuerte  que se escuchaba a través de la televisión, empecé a leer por todas partes acerca de esta especie de trompeta de plástico. 

El ruido de la vuvuzela -ese ruido seco, duro, ensordecedor- fue percibido no sólo por quienes se encontraban en Sudáfrica sino por todo el que presenciaba los partidos por cualquier medio y  no tardó en ser objeto de gran polémica. Algunos en tono de broma (como este video) otros más en serio, los detractores de la trompetita argumentaban que arruinaba el espectaculo al opacar otras manifestaciones de aliento, atentaba contra la concentración de los jugadores, impedía escuchar absolutamente nada, dañaba la capacidad auditiva de quienes se encontraban cerca y, en suma, que arruinaba el Mundial y debía ser prohibida por la FIFA. Todo ésto, en la primera semana de iniciado el juego.

Aquellos que la adoran dicen que, si bien su sonido puede parecer horrible desde afuera del estadio, estando allí la sensación es diferente: que aumenta la adrenalina, es parte integral de ver ir a la cancha, y que contribuye a crear un clima futbolístico exitante. La fascinación que genera se extendió tanto que hasta algunos videos de youtube tienen ahora un "botón vuvuzela" (una pelota de futbol en la barra inferior derecha. Aqui pueden ver uno, por ejemplo)que las hace sonar por encima del audio del video de turno, e hinchas de todas las selecciones parecen haber adquirido alguna con el correr de los días.

La FIFA, en tanto, se negó a prohibirla, argumentando que era parte integrante de la cultura local sudafricana, que formaba parte del sabor -por decirlo de alguna manera-de presenciar un Mundial de Futbol en ese país y que no había que intentar europeizar un mundial africano. Un periodista de la BBC fue incluso más lejos, recordando a quienes expresaban quejas que,  como huespedes en  Africa, quienes presencian el Mundial allí deben respetar las costumbres locales, y la vuvuzela es un instrumento querido por los Sudafricanos. En una entrevista a Charles Barron, miembro del Freedom Party de Canada y ex miembro de las Panteras Negras, éste tildó los intentos de prohibición directamente de racistas.

El debate acerca de qué constituye una cultura y del multiculturalismo ha sido tratado por muchísimos autores (como Will Kymlicka) desde hace muchos años. Despues de todo: ¿Qué elementos de una cultura determinada pueden considerarse característicos de ella? ¿Hay que respetar todas las expresiones culturales ajenas, aún cuando no estemos de acuerdo con ellas? ¿Es válido pretender que otros modifiquen aquellas costumbres que nos desagradan? ¿Hay un límite al respeto por las manifestaciones culturales ajenas? El mundial de futbol ¿es una especie de fiesta internacional, donde todas las culturas tienen el mismo peso o es una oportunidad para gente de distintos paises de experimentar desde adentro, como local, cómo se vive el futbol en ese lugar? 

Estas semanas en que me he dedicado a seguir la controversia generada por esta pequeña trompetita de plástico, entre divertida y consternada, he tenido la sensación que las quejas son más  parte de un gran shock cultural que de otra cosa. Una cultura, dicen los que saben, es un conjunto de tradiciones, creencias, valores y practicas institucionalizadas, enlazadas por el hilo común del lenguaje compartido. La misma lengua es lo que nos une y nos brinda la sensación de pertenencia;  pero cuando digo "lengua" no me refiero sólo a la lengua hablada, sino tambien al modo de dar la mano, la forma particular de saludar, los códigos de vestimenta, la forma de dirigirse a jefes y mayores, la forma de comer, de comportarse en público. Pertenecemos a una cultura cuando instintivamente sabemos qué se espera de nosotros en estas situaciones y sentimos estos códigos no escritos como propios. 

Cuando viajamos y estamos insertos en una cultura diferente y esos códigos cambian, nos sentimos perdidos, sin red: Si no sabemos qué se espera de nosotros, si lo que se espera que hagamos es diferente de aquello que instintivamente haríamos ¿cómo habremos de insertarnos, de sobrevivir? Paradójicamente, la reacción más frecuente ante este miedo y un síntoma claro de shock cultural es el rechazo de la cultura ajena, y su desvalorización por comparación con la propia. El sonido de la vuvuzela, así, no merecería lugar en el espectaculo del futbol, pero sí los canticos de las hinchadas, sí los papelitos, sí los bombos, simplemente porque estamos acostumbrados a ellos, porque son parte de nuestra cultura. 

Esto es normal, es un estadío más del shock cultural. Pero me parece importante identificarlo como tal para así poder dimensionar aquello que se piensa, se dice, se pretende. La vuvuzela no es parte de nuestra cultura, pero es parte de una cultura ajena, y una que, según cuentan, se remonta a sus tradiciones más antiguas, ya que emula al cuerno que llamaba a los pobladores a la asamblea del pueblo. Es parte de una cultura ajena que durante décadas fue menospreciada en su propia tierra y que está reconstituyéndose en libertad e independencia desde hace apenas veinte años. En ese marco, pretender su prohibición ¿no suena aún más violento todavía?

Hace unas semanas, una amiga publicó en su muro de facebook un texto de un sabio hindú que me pareció interesante para este tema. El decía que:

 "En esencia somos uno, pero en sinsentido, somos muchos. Necesitamos esencia y sinsentido. La vida es para que haya diversión, de lo contrario Dios nos habría creado a todos iguales, con los mismos pensamientos. Todo es la voluntad de Dios.Nada ocurre fuera de su voluntad. El permite este caos. ¿Por qué? El debe haber pensado que sólo a través de esta situación caotica tendríamos verdadera sed de paz, y así, cuando nos la diera, sabríamos apreciarla"

Me gusta pensar en la diversidad como desafío, como camino hacia una paz más duradera. Abrácemosla y  respetémosla, somos todos uno.


¡Qué tengan una linda semana!


PD: Aquí les dejo una publicidad de T&C Sports para el mundial, para Argentina. Y les pregunto: ¿Que aspectos de su cultura sienten que los definen como pertenecientes a la misma?







7 jun 2010

Modas de aquí y de allá

"There is nothing like returning to a place that remains unchanged to find the ways in which you yourself have altered" Nelson Mandela,  'A Long Walk to Freedom'




En mayo del año 2006 viajé por primera vez a Argentina después de haber partido definitivamente. Iba con mi marido, a quien había conocido apenas 9 meses antes, en Costa de Marfil, y con quien nos habíamos casado hacía 4 meses (les ahorro las cuentas: nos casamos a los 5 meses de conocernos, sí). 

Llegamos a Buenos Aires temprano a la mañana  e inmediatemente fuimos a Aeroparque, a esperar el vuelo a Córdoba, que salía al mediodía. Entramos relativamente rápido a sala de embarque y, una vez allí, nos dedicamos a pasear por los negocios, le dí a mi marido el primer alfajor de su vida para que probara, tomamos un café y caminamos un poquito más. En eso estábamos, cuando noté que mi marido observaba a la gente a su alrededor, pensativo. 

Le pregunté si le pasaba algo y, cuál no sería mi sorpresa, cuando me respondió con una pregunta. "¿Por qué la gente está vestida como en la década del '80?" me preguntó. "¿A qué te referís?" contesté yo, sin tener idea de a quién estaba mirando para decirme eso. El me señaló unos hombres vestidos de traje y yo lo miré sin entender nada. "Estan usando chalecos tejidos" dijo él como si con eso aclarara todo." "Si" -le contesté -"es otoño, usan chalecos porque está fresco pero no frío como para un sweater" " En Serbia hace frío y yo no he visto un chaleco así desde la década del '80. Me hacen acordar a mi papá" me contestó, y yo me quedé de una pieza. Eso no fue lo único: la impresión de vestir anticuado se la dieron tanto hombres como mujeres, y los hombres, además, le dieron sensación de dejadez . Pelo muy largo, barba crecida, ropa arrugada o demasiado ancha: esas eran las cosas que él me nombraba mientras me preguntaba, sorprendido "¿por qué no se cuidan?  (Y aclaro que mi marido no es ningún metrosexual ni mucho menos).

Con el tiempo, la misma impresión me sería manifestada por otra gente en distintos contextos: una señora española que se sentó a mi lado en un vuelo Buenos Aires- Madrid ("¡Los zapatos argentinos son todos iguales y tan anticuados!"), amigos franceses que habían ido de visita a Argentina, un amigo italiano luego de encontrarse con un grupo de argentinos en una excursión al norte de Nicosia ("me sentía en Napoli en los años '80" "todos con razgos netamente italianos, pero con cortes de pelo y ropa de otra  epoca, fue surrealista"), el periodista de un diario serbio que escribía en su blog sobre el rally Paris Dakar, el año pasado ("los Argentinos son sumamente simpáticos y encantadores pero se visten como hace tres décadas atrás ¡sólo que allá eso está de moda!"). A esta altura yo ya me he acostumbrado a que me lo digan pero no fue sino hasta hace poco que entendí a qué se referían. 

Antes de irme yo creía que, en estos tiempos globalizados, la moda estaba perdiendo su carácter local, que lo que se usaba en Tokio, tambien se veía en las calles de Paris y sin dudas despues se vería en Buenos Aires, que los Argentinos seguíamos fielmente la moda europea y americana, y que, hoy por hoy, caminar por las calles de cualquier gran ciudad devolvía más o menos el mismo paisaje humano. Estos años trotando mundos me han servido para darme cuenta que no es tan así, que cada pueblo imprime su carácter en la moda que adopta, y que distintas circunstancias de orden local influyen en este proceso. 

Así me pasó que, los dos primeros años fuera de Argentina, me costaba encontrar ropa que quisiera comprar en Europa. Extrañaba los modelos, los cortes, las casas conocidas de Argentina. Soy, posiblemente, lo más lejano que existe a una shopaholic (miro mucho, pero mucho antes de comprar) y eso, sumado a que sólo compraba en las dos semanas que tenía cada tres meses (cuando salía de Costa de Marfil)  complicaba aún más las cosas. Pero al cabo de ese tiempo, algo cambió en mí sin que me diera cuenta: cuando en Diciembre de 2007 (a casi tres años de haberme ido) volví a Argentina con la idea de comprar de todo, me encontré con que me costaba encontrar ropa y zapatos que me gustaran (a precios razonables- y recalco ésto porque aquello que me gustó podía conseguirlo por menos de la mitad en Europa)  y me fui con gran desilución, y con las manos vacías. 

Este proceso se ha acentuado más desde entonces: cuando miro por internet revistas de moda o webs oficiales de casas de ropa argentina, cada vez me cuesta mas encontrar algo que me tiente.  No creo que haya cambiado algo allí, ni creo que se trate de que la moda allá sea anticuada, como diría mi marido. Creo, más bien, que lo que ocurrió fue que la cambié fui yo, que la exposición a otras formas de ver la moda me influyeron más de lo que pensaba y mi gusto, aquello que me atrae, fue mutando. La moda, aquello que vestimos, creo hoy, es no sólo una representación de quienes somos y de cómo elegimos mostrarnos al mundo, sino tambien una manifestación de dónde venimos,  de dónde hemos estado, de dónde estamos hoy. 

En el próximo post voy a contarles un poco de cómo viste la mujer africana, de acuerdo a los paises de donde provenga, y en posts siguientes iré subiendo fotos de Chipre y de Serbia tambien para que vean un poco a qué me refiero. Pero mientras tanto, cuentenme ustedes ¿notaron al viajar diferencias en la forma de vestirse de la gente? ¿a qué lo atribuyeron? ¿han cambiado ustedes su forma de ver la moda/de vestirse despues de vivir en otro lugar-ya sea otro país u otra ciudad? 


Les deseo que tengan una hermosa semana y ¡hasta el próximo post!


*La foto del comienzo es de la ruta que lleva de La Cumbre a Cruz Chica, en el Valle de Punilla, Sierras de Cordoba. Es mi lugar preferido y, afortunadamente, su paisaje ha logrado permanecer inalterado. A pesar de no ser un lugar que guarda recuerdos de infancia, sí es un lugar que guarda recuerdos felices, y al que no concibo no volver si estoy en Argentina.